Una de las preguntas retóricas que más consigue irritarme es la de si el niño es bueno o es malo. Bueno o malo ¿con respecto a qué?, ¿desde qué perspectiva entendemos que el niño se porta bien o mal? Lo que aún me parece más patético es dicotomizar entre niño bueno y niño malo según si el niño es llorón o no. Pero aún más: nos referimos al niño malo cuando llora por cualquier motivo, es decir, seguimos refiriéndonos al niño malo, por ejemplo, cuando este se encuentra en la consulta del médico y llora porque no quiere que lo toquen o le pinchen o le manipulen. Es verdaderamente aterrador escuhar a los padres diciendo "mi niño me ha dado guerra, porque no veas el numerito que me ha montado en la revisión pediátrica" o "mi niño se porta bien porque se pasa laaaaargas horas él solito en el moisés sin decir ni pío" Es abominable y repugnante, porque nos referimos a nuestros hijos como si fueran objetos inertes carentes de emociones y sensibilidad, sin derechos, sin opinión, sin preferencias, como si fueran objetos manipulables y estorbos para nuestro quehacer cotidiano.
Pero ¿cómo pueden ser algunos padres tan sumamente insensibles, adultocentristas y, ellos sí, carentes de emociones? Pues señores y señoras, si sus hijos (si nuestros hijos)lloran será, digo yo, porque les pasa algo, porque les conmueve algo, porque se encuentran intranquilos, incómodos, porque quieren contacto, que los cojamos en brazos, que les demos amor, será, a lo mejor, porque cuando van al médico les da miedo, o simplemente, no les gusta ese señor de bata blanca que los incordia tanto. Será, será,... Cabría dispensarnos el mismo tratamiento a los adultos cuando nos encontramos ante situaciones difíciles, temibles o, sencillamente, que nos desagradan. Y así, decir, "hoy mi marido se ha portado mal. Ha venido renegando del trabajo porque ha tenido un conflicto con su jefe, no le he hecho ni caso, le he dejado "llorar", a ver si aprende la próxima vez a tragarse sus problemas y no montarme un numerito", o "es que no se puede con esta mujer, la guerra que me da cada vez que nos montamos en el coche a 200, nada, que tiene un miedo incontrolable"
Pero, catalogar a nuestros hijos de buenos o malos de acuerdo a estos criterios aún nos hace más ruínes, más viles y miserables, más fríos, y más insensibles.
Dice Meredith Small, en su libro Nuestros hijos y nosotros, que hace aproximadamente un millón y medio de años, en el período que los antropólogos llaman "ambiente de la adaptación evolutiva", el llanto era una señal de supervivencia, cuya función era recibir la alimentación y protección adecuada. Y gracias a todos esos bebés capaces de llorar desconsoladamente cada vez que necesitaban alimento o se econtraban ante un peligro que acechaba, hoy estamos donde estamos, pues todos esos bebés que consiguieron después reproducirse y cuyos genes perpetuaron dieron como fruto la evolución de la especie humana. Entonces esos bebés eran buenos, reproductivamente hablando.1
Pero hoy, paradójicamente, ese llanto es considerado malo y molesto, en consecuencia, muchos padres deciden ignorar los reclamos de sus hijos y no dispensarles la atención que requieren. Y muchos, acaban etiquetando de cólicos los fuertes llantos de los niños, o reduciendo a una cuestión biológico-temperamental la reacción implorosa del bebé. Así, excluyendo al estilo de crianza y el grado de responsividad de los padres ante las demandas del niño, de toda contribución en la interacción progrenitor-bebé se eximen de la responsabilidad que les atañe.2
Dice el pediatra e investigador del llanto y lloriqueo infantil, en el Hospital de Niños de Montreal, Richard Barr, citado en el libro de Meredith Small, que "el cólico es una señal de discordia entre el bebé u su paquete total de atención. El llanto frecuente a intervalos breves está justificado: recuerda a la madre que debe alzar y alimentar al bebé. Pero los llantos largos no tienen sentido, sobre todo si la madre decide demorar su respuesta. [...] Cuando el bebé chilla y quien lo cuida se aleja, todo el sistema se desequilibra más y más, convirtiéndose en una retroalimentación negativa que provoca llantos cada vez más fuertes, debido al enfado y la confusión. [...] Los cólicos y los largos ataques de chillidos son, simplemente, el lado negativo de la separación"3
1 información extraída del libro Nuestros hijos y nosotros,de Meredith F. Small.
2 íd.
3 Nuestros hijos y nosotros, Meredith F. Small, pág. 190
Emprender el camino de la maternidad está suponiendo para mí la oportunidad de iniciar el camino del cambio personal. Supone una experiencia que se me ha revelado generadora de cambios internos, emocionales, espirituales, de concepto, de base. Siento que hoy ya no soy la mujer que era... pero a diferencia de antaño, hoy estoy superando el miedo al cambio y aceptando que la vida es puro dinamismo. La maternidad me abre a un nuevo nivel de conciencia.
martes, 14 de junio de 2011
El niño bueno y el niño malo, y encima ¿tiene cólicos?
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viernes, 3 de diciembre de 2010
Frases reveladoras
"El dolor (en el parto) ha sido creado e institucionalizado por la ignorancia, y se mantiene porque constituye un formidable instrumento de poder"
Consuelo Ruíz Vélez-Frías, comadrona, en su obra Parir sin miedo
"Si se busca el conocimiento,
se sabe cada día más.
En el camino del saber,
cada día se descubren
las virtudes de la inmovilidad.
Se acaba por no querer
hacer ya nada a toda costa.
¡Entonces es cuando
suceden las cosas!
Sí,
cuando no se cambia
nada, todo se pone en su sitio
por sí mismo.
Y todo
se realiza."
Tao te King, el libro más importante del pensamiento y la filosofía taoístas. Su autor es Laozi
Consuelo Ruíz Vélez-Frías, comadrona, en su obra Parir sin miedo
"Si se busca el conocimiento,
se sabe cada día más.
En el camino del saber,
cada día se descubren
las virtudes de la inmovilidad.
Se acaba por no querer
hacer ya nada a toda costa.
¡Entonces es cuando
suceden las cosas!
Sí,
cuando no se cambia
nada, todo se pone en su sitio
por sí mismo.
Y todo
se realiza."
Tao te King, el libro más importante del pensamiento y la filosofía taoístas. Su autor es Laozi
jueves, 2 de diciembre de 2010
Aprendiendo a ser padres, Redes
Interesante estudio sobre la calidad de los cuidados infantiles dentro y fuera de casa y, en concreto, sobre el efecto de las guarderías en los pequeños.
Vale la pena revisar qué estamos haciendo con y POR nuestros hij@s.
Jay Belsky es tan sólo uno de tantos psicólogos que vienen a demostrar con el aval de estudios científicos que el mejor "hogar" para los niños durante su primera infancia (0-3 años) es su propia casa, con sus padres, y a ser posible con su propia madre. Él mismo hace unos años atrás había (creído) demostrar que las guarderías eran beneficiosas para los niños. Pero como buen empírico, no cesó desde entonces en intentar constrastar las conslusiones extraídas de aquel estudio para verficar que efectivamente fuesen ciertas y exentas de error. Sus nuevas conclusiones, apuntan hoy en otra dirección, y esto es lo que a algunas madres ya no les gusta tanto oir. Cómo él mismo afirma: "Sólo se aceptan lso resultados que gustan". Antaño consiguió muchos defensores y hoy muchos detractores.
Desde hace 1 o 2 generaciones a lo sumo se ha puesto de moda llevar a los niños a la guardería con el pretexto de que "necesitan socializarse, relacionándose con otros niños", en contra de lo que profesionales de la salud, de la pisoclogía infantil y de la educación están demostrando empirícamente, y es que los niños durante sus primeros años de vida "necesitan fusionarse (con la madre) y no socializarse", como afirma la psicoterapeuta Laura Gutman.
Lo cierto, es que continúamos aferrándonos a la idea absurda (y sin demostración científica, a pesar de que muchos padres o profesionales afirmen lo contrario, basándose en sus propios juicios (o mejor dicho, prejuicios) de que los niños están mejor en la guardería y que "les va a ir muy bien" de cara a la introducción a la escuela. Y yo me pregunto: acaso alguno de nosotros ha tenido o tiene algún problema de escolarización, rendimiento escolar, etc, por haber permanecido durante nuestros primeros años de vida con nuestra madre, aprendiendo las cosas importantes de la vida, que en ese momento lejos están de las matemáticas, el inglés o la flauta, sino que tienen más que ver con el amor, la resolución de problemas cotidanos con creatividad, capacidad de análisis y gestión, el aprendizaje que obtenemos a través de la propia experimentación, etc. Por propia experiencia personal y por el conocimiento que tengo de muchas personas cercanas a mí, muchos de nosotros hemos llegado a la universidad sin ABSOLUTAMENTE ningún problema de adaptación, aprendizaje, rendimientos, intelecto, etc. Pero a pesar de todo, continúan alzándose voces que aseguran que las guarderías van muy bien para que el niñ@ se acostumbre a estar con otros niños y, sobretodo, porque le irá muy bien cuando tenga que entrar a la escuela.
Esta mañana mismo me he cruzado en la calle con una vecina que ha estado cuidando a sus hijos hasta que han entrado en la escuela con 3 años, y ella misma me decía que le resultaba asombroso que no tuvieran ningún problema en el colegio, que no hubieran llorado a la entrada el primer día y que fueran tan contentos. Como ella hay muchos casos, pero estos, algunos, se niegan a oírlos.
En realidad, nos negamos a aceptar que la necesidad a nuestros hij@s a la guardería es nuestra y sólo nuestra. Y tampoco me creo que sean muchos más los que no pueden que los que no quieren. Conozco casos en los que verdaderamente constituye un suplicio, y un sufrimiento, dejar a sus hij@s cada mañana, sea en la guardería o incluso con sus abuelos. Pero, desgraciadamente, conozco más de los que pudiendo no lo hacen. Respeto todas las opciones, y ni la mía es mejor ni peor que la de los demás, pero simplemente insto a las personas a que cuando tomemos una decisión barajemos todas las posibilidades con sus consecuencias, y sobretodo, que cada cuál se haga responsable de las decisiones que toma en la vida, sin proyectar a nuestros hij@s nuestras carencias. Es decir, que si dejo a mi hijo en la guardería o al cuidado de otra persona y soy abogada y mi marido médico (como es el caso de otra vecina), pero he decidido dar prioridad a mi realización personal a través de mi carrera profesional en lugar de al hecho de ser mujer y realizarme como madre, criando a mis hij@s, que es una de las funciones que la madre Naturaleza me ha otorgado para asegurar el desarrollo evolutivo de la especie, no me digas que "qué suerte la mía de poderme quedar al cuidado de mi hijo, dejando a un lado el desarrollo de mi carrera profesional" ¡como si a mi no me supusiese un esfuerzo económico! En la mayoría de los casos se trata de una cuestión de prioridades en la vida, de ser capaces de resituar nuestra escala de valores. Nos negamos a asumir que no queremos pasar más tiempo con nuestros hij@s que el indispensable porque "nos vuelven locos" y "nos agotan las energías" Así que, partiendo de la idea de que todas las opciones son respetables, lo único que digo es que pongamos su nombre correcto a cada cosa, y no intentemos enmascarar lo que rechazamos porque el dolor sería insoportable, insufrible.
Hace un tiempo yo también veía Supernnany y me horrizaba con esos niños que creía hacían la vida imposible a sus padres. ¡Cuán ignorante era! Yo también era de las que pensaba llevar a mi hijo a la guardería al año de nacer para yo incorporarme a mi trabajo. Hoy 16 meses después del nacimiento de mi hijo puedo decir que soy otra en ese y en tantos otros aspectos. Mi perspectiva, mi ángulo de visión de la vida, ha virado 360 grados. Y cuando he vuelto a ver Supernnany por conocer cuál sería mi propia reacción, mi impresión es que qué horror de padres, cuanta falta de respeto hacia su propio hijo, cuanta incomprensión y cuanto maltrato emocional. Pobres niños de venir al mundo con esos padres que lejos de comprender y responder adecuadamente a sus necesidades (no sólo físicas o materiales, sino también emocionales, de contacto, de mirada, de afecto, de buenas palabras, de amor en definitiva) prefieren seguir dando prioridad a sus necesidades con egoísmo. Hoy y desde que nació mi hijo, por nada del mundo sería capaz de separarme de él, preferiría quitarme alimento u otras necesidades básicas (poquíiiiiiiisimos son los casos en los que sería necesario hacerlo, a decir verdad) para llenarme de él, de su amor, de su compañía, darle mi calor, mi cobijo (corporal), mis palabras y mis manos amorosas, mi mirada de comprensión, de empatía y de respeto. Sobretodo para aprender a su lado a ser cada día un poquito mejor persona, a dejarme guiar más por mis propias intuiciones y escuchar más con y desde el corazón, a él, a mí y al mundo en general.
En realidad, mi cambio radica en la toma de conciencia, de mi embarazo primero, de mi parto después, y de la crianza en la actualidad, en informarme, en escucharme más a mí misma, en emprender decisiones con criterio propio, en cuestionarlo todo, incluyéndome a mí misma por supuesto. En no dejar de practicar la introspección, el análisis más profundo de mi ser, en encontrar vínculos con mi primera infancia, en descubrir el rol que siempre he venido desempeñando, en mi modo relacional, en mis propios esquemas de funcionamiento. En revisarlo todo constantemente tratando de mejorar allá donde crea que he fallado. En dimensionar mi vida, intentando entenderme y entender así a los demás. En conocer mis carencias a cada paso, intentando no proyectarlas en los demás. Sin duda alguna, constituye todo un reaprendizaje vital del que mi mejor mentor es mi propio hijo.
Núria i Josep
________________
APRENDIENDO A SER PADRES
¿Quién nos enseña a ser padres? ¿Qué hay que saber para convertir un bebé en un adulto sano? La relación entre padres e hijos en los primeros años de vida de los niños tiene una importancia fundamental según están demostrando los psicólogos. La ciencia aporta nuevas pistas para una educación más emocional y más provechosa de los niños. Eduardo Punset visitó a Jay Belsky, psicólogo experto en el desarrollo del niño y en las relaciones de familia, para discutir sobre estos temas.
Haz click en el siguiene enlace para acceder al vídeo (dura 30 min):
Redes para la Ciencia » Redes 30: Aprendiendo a ser padres (30 minutos)
Vale la pena revisar qué estamos haciendo con y POR nuestros hij@s.
Jay Belsky es tan sólo uno de tantos psicólogos que vienen a demostrar con el aval de estudios científicos que el mejor "hogar" para los niños durante su primera infancia (0-3 años) es su propia casa, con sus padres, y a ser posible con su propia madre. Él mismo hace unos años atrás había (creído) demostrar que las guarderías eran beneficiosas para los niños. Pero como buen empírico, no cesó desde entonces en intentar constrastar las conslusiones extraídas de aquel estudio para verficar que efectivamente fuesen ciertas y exentas de error. Sus nuevas conclusiones, apuntan hoy en otra dirección, y esto es lo que a algunas madres ya no les gusta tanto oir. Cómo él mismo afirma: "Sólo se aceptan lso resultados que gustan". Antaño consiguió muchos defensores y hoy muchos detractores.
Desde hace 1 o 2 generaciones a lo sumo se ha puesto de moda llevar a los niños a la guardería con el pretexto de que "necesitan socializarse, relacionándose con otros niños", en contra de lo que profesionales de la salud, de la pisoclogía infantil y de la educación están demostrando empirícamente, y es que los niños durante sus primeros años de vida "necesitan fusionarse (con la madre) y no socializarse", como afirma la psicoterapeuta Laura Gutman.
Lo cierto, es que continúamos aferrándonos a la idea absurda (y sin demostración científica, a pesar de que muchos padres o profesionales afirmen lo contrario, basándose en sus propios juicios (o mejor dicho, prejuicios) de que los niños están mejor en la guardería y que "les va a ir muy bien" de cara a la introducción a la escuela. Y yo me pregunto: acaso alguno de nosotros ha tenido o tiene algún problema de escolarización, rendimiento escolar, etc, por haber permanecido durante nuestros primeros años de vida con nuestra madre, aprendiendo las cosas importantes de la vida, que en ese momento lejos están de las matemáticas, el inglés o la flauta, sino que tienen más que ver con el amor, la resolución de problemas cotidanos con creatividad, capacidad de análisis y gestión, el aprendizaje que obtenemos a través de la propia experimentación, etc. Por propia experiencia personal y por el conocimiento que tengo de muchas personas cercanas a mí, muchos de nosotros hemos llegado a la universidad sin ABSOLUTAMENTE ningún problema de adaptación, aprendizaje, rendimientos, intelecto, etc. Pero a pesar de todo, continúan alzándose voces que aseguran que las guarderías van muy bien para que el niñ@ se acostumbre a estar con otros niños y, sobretodo, porque le irá muy bien cuando tenga que entrar a la escuela.
Esta mañana mismo me he cruzado en la calle con una vecina que ha estado cuidando a sus hijos hasta que han entrado en la escuela con 3 años, y ella misma me decía que le resultaba asombroso que no tuvieran ningún problema en el colegio, que no hubieran llorado a la entrada el primer día y que fueran tan contentos. Como ella hay muchos casos, pero estos, algunos, se niegan a oírlos.
En realidad, nos negamos a aceptar que la necesidad a nuestros hij@s a la guardería es nuestra y sólo nuestra. Y tampoco me creo que sean muchos más los que no pueden que los que no quieren. Conozco casos en los que verdaderamente constituye un suplicio, y un sufrimiento, dejar a sus hij@s cada mañana, sea en la guardería o incluso con sus abuelos. Pero, desgraciadamente, conozco más de los que pudiendo no lo hacen. Respeto todas las opciones, y ni la mía es mejor ni peor que la de los demás, pero simplemente insto a las personas a que cuando tomemos una decisión barajemos todas las posibilidades con sus consecuencias, y sobretodo, que cada cuál se haga responsable de las decisiones que toma en la vida, sin proyectar a nuestros hij@s nuestras carencias. Es decir, que si dejo a mi hijo en la guardería o al cuidado de otra persona y soy abogada y mi marido médico (como es el caso de otra vecina), pero he decidido dar prioridad a mi realización personal a través de mi carrera profesional en lugar de al hecho de ser mujer y realizarme como madre, criando a mis hij@s, que es una de las funciones que la madre Naturaleza me ha otorgado para asegurar el desarrollo evolutivo de la especie, no me digas que "qué suerte la mía de poderme quedar al cuidado de mi hijo, dejando a un lado el desarrollo de mi carrera profesional" ¡como si a mi no me supusiese un esfuerzo económico! En la mayoría de los casos se trata de una cuestión de prioridades en la vida, de ser capaces de resituar nuestra escala de valores. Nos negamos a asumir que no queremos pasar más tiempo con nuestros hij@s que el indispensable porque "nos vuelven locos" y "nos agotan las energías" Así que, partiendo de la idea de que todas las opciones son respetables, lo único que digo es que pongamos su nombre correcto a cada cosa, y no intentemos enmascarar lo que rechazamos porque el dolor sería insoportable, insufrible.
Hace un tiempo yo también veía Supernnany y me horrizaba con esos niños que creía hacían la vida imposible a sus padres. ¡Cuán ignorante era! Yo también era de las que pensaba llevar a mi hijo a la guardería al año de nacer para yo incorporarme a mi trabajo. Hoy 16 meses después del nacimiento de mi hijo puedo decir que soy otra en ese y en tantos otros aspectos. Mi perspectiva, mi ángulo de visión de la vida, ha virado 360 grados. Y cuando he vuelto a ver Supernnany por conocer cuál sería mi propia reacción, mi impresión es que qué horror de padres, cuanta falta de respeto hacia su propio hijo, cuanta incomprensión y cuanto maltrato emocional. Pobres niños de venir al mundo con esos padres que lejos de comprender y responder adecuadamente a sus necesidades (no sólo físicas o materiales, sino también emocionales, de contacto, de mirada, de afecto, de buenas palabras, de amor en definitiva) prefieren seguir dando prioridad a sus necesidades con egoísmo. Hoy y desde que nació mi hijo, por nada del mundo sería capaz de separarme de él, preferiría quitarme alimento u otras necesidades básicas (poquíiiiiiiisimos son los casos en los que sería necesario hacerlo, a decir verdad) para llenarme de él, de su amor, de su compañía, darle mi calor, mi cobijo (corporal), mis palabras y mis manos amorosas, mi mirada de comprensión, de empatía y de respeto. Sobretodo para aprender a su lado a ser cada día un poquito mejor persona, a dejarme guiar más por mis propias intuiciones y escuchar más con y desde el corazón, a él, a mí y al mundo en general.
En realidad, mi cambio radica en la toma de conciencia, de mi embarazo primero, de mi parto después, y de la crianza en la actualidad, en informarme, en escucharme más a mí misma, en emprender decisiones con criterio propio, en cuestionarlo todo, incluyéndome a mí misma por supuesto. En no dejar de practicar la introspección, el análisis más profundo de mi ser, en encontrar vínculos con mi primera infancia, en descubrir el rol que siempre he venido desempeñando, en mi modo relacional, en mis propios esquemas de funcionamiento. En revisarlo todo constantemente tratando de mejorar allá donde crea que he fallado. En dimensionar mi vida, intentando entenderme y entender así a los demás. En conocer mis carencias a cada paso, intentando no proyectarlas en los demás. Sin duda alguna, constituye todo un reaprendizaje vital del que mi mejor mentor es mi propio hijo.
Núria i Josep
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APRENDIENDO A SER PADRES
¿Quién nos enseña a ser padres? ¿Qué hay que saber para convertir un bebé en un adulto sano? La relación entre padres e hijos en los primeros años de vida de los niños tiene una importancia fundamental según están demostrando los psicólogos. La ciencia aporta nuevas pistas para una educación más emocional y más provechosa de los niños. Eduardo Punset visitó a Jay Belsky, psicólogo experto en el desarrollo del niño y en las relaciones de familia, para discutir sobre estos temas.
Haz click en el siguiene enlace para acceder al vídeo (dura 30 min):
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viernes, 26 de noviembre de 2010
Famosas que paren en sus casas
Famosas que se suman a la decisión de parir en casa:
JULIETA VENEGAS, cantante:
"La llegada de un bebé debe ser para la familia, sobre todo para la madre, algo muy lindo pero que requiere de mucho sacrificio desde el momento en que nace, incluso para una famosa como lo es Julieta Venegas, ella que ha traído al mundo a su hija desde su casa, aunque comenta que está tranquila y disfruta mucho el tiempo con ella:
“La verdad estoy muy bien, muy tranquila disfrutando la vida; disfrutando mucho a mi hija y muy feliz”
“No parí en hospital, parí en casa, se lo recomiendo a todas las mujeres los métodos clásicos. Parir en casa es de los más clásico que hay”
“Cualquier cosa que diga sobre la maternidad suena como titular de revista de sociales, entonces hay que ser muy cautelosa. Yo soy muy privadota para mis cosas”
Eso es lo único que pudo comentar la cantante ya que no le gusta hablar mucho sobre su vida privada y menos sobre su maternidad."
PAULINA RUBIO, cantante:
"He recibido un curso para parto bajo el agua porque me gustaría dar a luz en casa pero no depende sólo de mi".
Al final, no pudo ver cumplido su deseo, y unas complicaciones surgidas días antes la obligaron a hospitalizar, donde finalmente tuvo que ser laparatomizada (intervenida por cesárea)
JULIETA VENEGAS, cantante:
"La llegada de un bebé debe ser para la familia, sobre todo para la madre, algo muy lindo pero que requiere de mucho sacrificio desde el momento en que nace, incluso para una famosa como lo es Julieta Venegas, ella que ha traído al mundo a su hija desde su casa, aunque comenta que está tranquila y disfruta mucho el tiempo con ella:
“La verdad estoy muy bien, muy tranquila disfrutando la vida; disfrutando mucho a mi hija y muy feliz”
“No parí en hospital, parí en casa, se lo recomiendo a todas las mujeres los métodos clásicos. Parir en casa es de los más clásico que hay”
“Cualquier cosa que diga sobre la maternidad suena como titular de revista de sociales, entonces hay que ser muy cautelosa. Yo soy muy privadota para mis cosas”
Eso es lo único que pudo comentar la cantante ya que no le gusta hablar mucho sobre su vida privada y menos sobre su maternidad."
PAULINA RUBIO, cantante:
"He recibido un curso para parto bajo el agua porque me gustaría dar a luz en casa pero no depende sólo de mi".
Al final, no pudo ver cumplido su deseo, y unas complicaciones surgidas días antes la obligaron a hospitalizar, donde finalmente tuvo que ser laparatomizada (intervenida por cesárea)
Su majestad la LECHE DE VACA, por Laura Gutman
Su Majestad la Leche de Vaca
La leche es una secreción glandular presente en todos los mamíferos. En la naturaleza hay cerca de 5000 especies, y los humanos somos sólo una de ellas. La leche sirve para alimentar a la cría hasta que esté en condiciones de alimentarse con autonomía. Ninguna otra especie continúa con el consumo de leche después del período de lactancia. Cuando crecemos, los mamíferos perdemos las enzimas que permiten la digestión de la leche, porque sencillamente no las vamos a necesitar más. Sin embargo los seres humanos ignoramos esa ley natural.
Tengamos en cuenta que cada leche es específica, es decir, que tiene una fórmula especial para cada especie y varía considerablemente entre una y otra. Tanto la leche de vaca, como la de oveja, la de ballena, la de elefanta, la de morsa o la de perra son diferentes entre sí, y difieren obviamente de la humana. La leche de vaca sirve para criar terneros, un animal grande con cuatro estómagos que llegará a pesar 300 kilos. La leche humana en cambio privilegia el desarrollo de la inteligencia.
Es importante que sepamos que la “leche de fórmula” -como la llamamos hoy en día- es leche de vaca modificada para adaptarla a los requerimientos del bebé humano. Pero no es un invento químico, como muchas madres creemos.
¿Cuál es el efecto nocivo más fácil de detectar en el organismo humano? El moco. La principal responsable es la caseína, una proteína abundante en la leche de vaca. El moco es la reacción saludable del organismo contra una proteína que no puede incorporar. Por lo tanto, en la medida que incorporamos leche o lácteos, el organismo segrega moco. El resfrío común deriva en dolor de garganta, luego en rinitis, sinusitis, bronquitis, otitis, neumonía, y en todas las infecciones respiratorias con las que conviven los niños durante la infancia.
A pesar de esta abrumadora realidad, los adultos no podemos creer que la leche, la bendita y maravillosa leche, se nos vuelva en contra. Preferimos apegarnos a nuestras creencias en lugar de hacer caso a la sabiduría innata del organismo de nuestros hijos.
¡Todos nuestros niños están repletos de mocos y no estamos dispuestos a relacionarlo con la ingesta de leche! Parece que el miedo al cambio es más fuerte que el acceso a la verdad.
Laura Gutman
La leche es una secreción glandular presente en todos los mamíferos. En la naturaleza hay cerca de 5000 especies, y los humanos somos sólo una de ellas. La leche sirve para alimentar a la cría hasta que esté en condiciones de alimentarse con autonomía. Ninguna otra especie continúa con el consumo de leche después del período de lactancia. Cuando crecemos, los mamíferos perdemos las enzimas que permiten la digestión de la leche, porque sencillamente no las vamos a necesitar más. Sin embargo los seres humanos ignoramos esa ley natural.
Tengamos en cuenta que cada leche es específica, es decir, que tiene una fórmula especial para cada especie y varía considerablemente entre una y otra. Tanto la leche de vaca, como la de oveja, la de ballena, la de elefanta, la de morsa o la de perra son diferentes entre sí, y difieren obviamente de la humana. La leche de vaca sirve para criar terneros, un animal grande con cuatro estómagos que llegará a pesar 300 kilos. La leche humana en cambio privilegia el desarrollo de la inteligencia.
Es importante que sepamos que la “leche de fórmula” -como la llamamos hoy en día- es leche de vaca modificada para adaptarla a los requerimientos del bebé humano. Pero no es un invento químico, como muchas madres creemos.
¿Cuál es el efecto nocivo más fácil de detectar en el organismo humano? El moco. La principal responsable es la caseína, una proteína abundante en la leche de vaca. El moco es la reacción saludable del organismo contra una proteína que no puede incorporar. Por lo tanto, en la medida que incorporamos leche o lácteos, el organismo segrega moco. El resfrío común deriva en dolor de garganta, luego en rinitis, sinusitis, bronquitis, otitis, neumonía, y en todas las infecciones respiratorias con las que conviven los niños durante la infancia.
A pesar de esta abrumadora realidad, los adultos no podemos creer que la leche, la bendita y maravillosa leche, se nos vuelva en contra. Preferimos apegarnos a nuestras creencias en lugar de hacer caso a la sabiduría innata del organismo de nuestros hijos.
¡Todos nuestros niños están repletos de mocos y no estamos dispuestos a relacionarlo con la ingesta de leche! Parece que el miedo al cambio es más fuerte que el acceso a la verdad.
Laura Gutman
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miércoles, 10 de noviembre de 2010
Consecuencias del pinzamiento temprano del cordón umbilical
Hace ya más de dos siglos que Erasmus Darwin, abuelo de Charles Darwin, médico, naturalista, fisiólogo y filosofo británico, advertía en su obra Zoonimia de las consecuencias nefastas del pinzamiento prematuro del cordón umbilical.
Otra cosa muy perjudicial para el niño es
cortar y pinzar el cordón del ombligo
demasiado pronto, que debe dejar siempre sin
tocar hasta que el niño no solamente haya
respirado varias veces sino hasta que su
latido haya cesado por completo. De otra
forma el bebé es mucho más débil de lo que
debería ser, puesto que en la placenta se
queda una cantidad de sangre restante que
debía haber entrado en su cuerpo.
Erasmus Darwin,
Zoonimia (1801)
Hoy, tras dos largos siglos, en muchos países como el nuestro sigue constituyendo una de las tantas penosas, innecesarias (en la mayoría de los casos, pues entre la sabiduría de las comadronas de antaño, y de muchas de hoy día, se sabe de maniobras para desenrrollar sin necesidad de cortar abruptamente) y traumáticas rutinas para el bebé que todavía no ha aprendido a respirar por sí solo.
En la mayoría de las maternidades no se espera a que el cordón deje de latir para dar paso de forma paulatina a un inicio de la función respiratoria por parte del bebé. Cortarlo prematuramente dará lugar a una angustiosa sensación de asfixia. Por otro lado, en la placenta ha quedado una cantidad de sangre retenida que habría de entrar en el organismo del bebé. Se trata de una "transfusión natural" que, entre otros muchos beneficios, asegura un suministro de sangre oxigenada que protege su cerebro.
Según el obstetra George Morley cortar prematuramente el cordón umbilical "maximiza la asfixia y la hipovolemia (insuficiente volúmen de sangre) y favorece una EHI (encafalopatía hipóxica isquémica, causa de parálisis cerebral). La sangre plancentaria capaz de salvar la vida se desecha, mientras zonas del cerebro del bebé mueren por falta de oxígeno". Se puede consultar el artículo íntegro en el enlace
http://www.holistika.net/parto_natural/el_bebe/pinzamiento_prematuro_del_cordon_umbilical_y_dano_cerebral.asp
Otra cosa muy perjudicial para el niño es
cortar y pinzar el cordón del ombligo
demasiado pronto, que debe dejar siempre sin
tocar hasta que el niño no solamente haya
respirado varias veces sino hasta que su
latido haya cesado por completo. De otra
forma el bebé es mucho más débil de lo que
debería ser, puesto que en la placenta se
queda una cantidad de sangre restante que
debía haber entrado en su cuerpo.
Erasmus Darwin,
Zoonimia (1801)
Hoy, tras dos largos siglos, en muchos países como el nuestro sigue constituyendo una de las tantas penosas, innecesarias (en la mayoría de los casos, pues entre la sabiduría de las comadronas de antaño, y de muchas de hoy día, se sabe de maniobras para desenrrollar sin necesidad de cortar abruptamente) y traumáticas rutinas para el bebé que todavía no ha aprendido a respirar por sí solo.
En la mayoría de las maternidades no se espera a que el cordón deje de latir para dar paso de forma paulatina a un inicio de la función respiratoria por parte del bebé. Cortarlo prematuramente dará lugar a una angustiosa sensación de asfixia. Por otro lado, en la placenta ha quedado una cantidad de sangre retenida que habría de entrar en el organismo del bebé. Se trata de una "transfusión natural" que, entre otros muchos beneficios, asegura un suministro de sangre oxigenada que protege su cerebro.
Según el obstetra George Morley cortar prematuramente el cordón umbilical "maximiza la asfixia y la hipovolemia (insuficiente volúmen de sangre) y favorece una EHI (encafalopatía hipóxica isquémica, causa de parálisis cerebral). La sangre plancentaria capaz de salvar la vida se desecha, mientras zonas del cerebro del bebé mueren por falta de oxígeno". Se puede consultar el artículo íntegro en el enlace
http://www.holistika.net/parto_natural/el_bebe/pinzamiento_prematuro_del_cordon_umbilical_y_dano_cerebral.asp
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Humanizar el nacimiento
"Humanizar el nacimiento no es tarea fácil. Requiere revisar las creencias, la resistencia al cambio, las jerarquías… todo eso que alimenta las actitudes, los procedimientos, la forma de ver el nacimiento. Humanizar el nacimiento es un proceso colectivo, pero estrechamente dependiente del proceso personal de toma de conciencia. En la medida en que sean muchas las personas que experimenten ese proceso, será un movimiento más y más colectivo. Humanizar el nacimiento no es una utopía, ni el deseo de un sector de la población, ni siquiera un derecho, es una necesidad colectiva y una realidad en muchos otros países. Estamos en el siglo XXI, un momento de auténtica reválida para la humanidad. "Para cambiar el mundo, primero hay que cambiar la forma de nacer", dice Michel Odent.
Para muchas mujeres, la toma de consciencia puede llevar años. Es un proceso de pérdida de inocencia, de recuperar la confianza en la propia naturaleza y el contacto con el propio cuerpo, de tomar las riendas de la propia vida incluso en ese ámbito, de dejar de delegar en otros lo que solamente una puede hacer, de dejar de confiar ciegamente en las instituciones. Un proceso que pasa por conocer y amar el propio cuerpo, afrontar los miedos, implicarse a fondo en el proceso de engendrar, gestar, parir y criar a un hijo. Muchas se refieren a este proceso como a "salir de Matrix". Salir de "Matrix" lleva su tiempo, no puede hacerse de un día para otro. La mayor parte de las veces, se produce gracias a la confluencia de al menos tres circunstancias: una vaga sensación de que algo "no encaja", la posibilidad de contrastar esa sensación con otras personas y el acceso a la información veraz (medicina basada en la evidencia). Muchas mujeres "se caen del guindo" después del primer parto."
Isabel Fernández del Castillo, en su obra La revolución del nacimiento. Partos respetados, nacimientos más seguros
Para muchas mujeres, la toma de consciencia puede llevar años. Es un proceso de pérdida de inocencia, de recuperar la confianza en la propia naturaleza y el contacto con el propio cuerpo, de tomar las riendas de la propia vida incluso en ese ámbito, de dejar de delegar en otros lo que solamente una puede hacer, de dejar de confiar ciegamente en las instituciones. Un proceso que pasa por conocer y amar el propio cuerpo, afrontar los miedos, implicarse a fondo en el proceso de engendrar, gestar, parir y criar a un hijo. Muchas se refieren a este proceso como a "salir de Matrix". Salir de "Matrix" lleva su tiempo, no puede hacerse de un día para otro. La mayor parte de las veces, se produce gracias a la confluencia de al menos tres circunstancias: una vaga sensación de que algo "no encaja", la posibilidad de contrastar esa sensación con otras personas y el acceso a la información veraz (medicina basada en la evidencia). Muchas mujeres "se caen del guindo" después del primer parto."
Isabel Fernández del Castillo, en su obra La revolución del nacimiento. Partos respetados, nacimientos más seguros
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martes, 5 de octubre de 2010
Redes 447: El cerebro del bebe
lunes, 4 de octubre de 2010
¿Por qué pegamos a nuestros hijos?
En centros comerciales, en parques, en la calle, y en la invisibilidad de nuestros hogares, miles de niños indefensos, aturdidos y desamparados son pegados continuamente por sus padres. En todas partes, y en cualquier momento. Se trata de un hecho que no atiende a clases, posiciones, profesiones, lugares, culturas, horas, o incluso situaciones. Cualquier momento y, sobretodo, cualquier excusa es suficiente para atizar la típica bofetada o cachete a un niño pequeño, y muchas veces incluso a un bebé. Y no estoy hablando, por supuesto, de lo que "habitualmente" entendemos por malos tratos, aquellas palizas atroces que dejan a los niños hospitalizados, portada de todos los medios de comunicación, y en ocasiones, muy desgraciadamente hasta en la tumba. No. Me refiero a la típica bofetada o "palmada" en el culo, que ya es hora que empecemos a ponerle nombre, también son mal trato. Porque el mal trato no se mide por la intensidad de la acción violenta empleada hacia el otro, ni por el pretexto que siempre encontramos para justificar dicho hecho. El mal trato se mide por el hecho en sí mismo, es decir, por el hecho de "emplear violencia hacia otro", en cualquiera de sus manifestaciones (física, psíquica, moral, emocional), en cualquier grado, intensidad, o duración. No por pegar "una simple bofetada" soy menos maltratador que alguien que atiza una brutal paliza.
Podríamos pensar si esa "simple bofetada" nos la diera nuestro marido o nuestro padre (ya siendo adultas) o nuestra madre, simplemente con la coartada de "no haberles hecho caso" "haberles desobedecido". En fin, el panorama sería muy diferente...
Pero claro, los niños no nos pueden reprochar, ellos no se pueden defender, y en ellos vertimos toda nuestra ira, rabia y frustraciones contenidas a lo largo del día.
Creo que per se no hay ninguna madre o padre que quiera hacer daño a sus hijos, ocurre que creemos ingenuamete que contribuimos a un bien, al bien de educarlos y "encarrilarlos". Y con ello a veces incurrimos en el fin justifica los medios. Sin darnos cuenta, inconscientes y, por encima de todo, ignorantes. Porque todo aquel que es capaz de emplear la violencia, cualquier tipo de violencia, es ignorante. Alguien cegado por la imposibilidad de su ser, alguien que no ve más allá de los horizontes que delimitan su propio campo de visión, alguien, en definitiva, egoísta.
Nos hacen falta dosis de paciencia, algo más de tiempo, desarrollar las capacidades de escucha y empatía que TODOS llevamos dentro pero que a algunos nos limitan la vida. Necesitamos hablar, dialogar, conversar, y tomar conciencia real de lo que hacemos, pensamos o sentimos. Lo necesitan nuestros hijos. Hagámoslo por ellos.
Núria i Josep
Podríamos pensar si esa "simple bofetada" nos la diera nuestro marido o nuestro padre (ya siendo adultas) o nuestra madre, simplemente con la coartada de "no haberles hecho caso" "haberles desobedecido". En fin, el panorama sería muy diferente...
Pero claro, los niños no nos pueden reprochar, ellos no se pueden defender, y en ellos vertimos toda nuestra ira, rabia y frustraciones contenidas a lo largo del día.
Creo que per se no hay ninguna madre o padre que quiera hacer daño a sus hijos, ocurre que creemos ingenuamete que contribuimos a un bien, al bien de educarlos y "encarrilarlos". Y con ello a veces incurrimos en el fin justifica los medios. Sin darnos cuenta, inconscientes y, por encima de todo, ignorantes. Porque todo aquel que es capaz de emplear la violencia, cualquier tipo de violencia, es ignorante. Alguien cegado por la imposibilidad de su ser, alguien que no ve más allá de los horizontes que delimitan su propio campo de visión, alguien, en definitiva, egoísta.
Nos hacen falta dosis de paciencia, algo más de tiempo, desarrollar las capacidades de escucha y empatía que TODOS llevamos dentro pero que a algunos nos limitan la vida. Necesitamos hablar, dialogar, conversar, y tomar conciencia real de lo que hacemos, pensamos o sentimos. Lo necesitan nuestros hijos. Hagámoslo por ellos.
Núria i Josep
martes, 14 de septiembre de 2010
Piensa en mí cuando nazca
Nacemos y crecemos en una sociedad egocentrista que contempla el embarazo y el nacimiento desde la perspectiva de la mujer. Durante la gestación, la mayoría de las veces, la mujer es tratada desde diversos ámbitos como una enferma o incluso como una discapacitada. Más tarde se compadecerán de ella por los dolores de parto a los cuáles tendrá que enfrentarse inevitablemente. Ya concluido éste, a los "pobres" padres les esperan largas noches en vela haciendo frente a los "insufribles llantos del bebé". Tras todo esto, se da comienzo a las rabietas, lloriqueos, pataletas, caprichos, desafíos, y un largo etcétera.
Pero en todo este proceso... ¿se tienen en cuenta los sentimientos del recién no nacido primero y del bebé después?, ¿alguien repara en cuáles pueden ser sus necesidades y, lo más importante, si se le corresponde con una correcta atención?, ¿entiende alguien lo complejo y misterioso que resulta la creación de una vida en el seno de una madre?, y lo afortunadas que tenemos que sentirnos por ser las elegidas para llevar a cabo tan maravillosa experiencia. ¿Alguien piensa en lo duro, a la vez que placentero, que resulta para el recién nacido ese momento tan crucial en su vida, el momento en que es alumbrado?,...
Hace años que se viene advirtiendo de la espantosa tecnificación de los nacimientos. La tecnología médicocientífica está muy bien para cuando realmente sea necesario, pero como rutina habría que dar paso a las leyes que rigen la naturaleza, pues al fin y al cabo, gracias a ella, y no a la ciencia o la medicina, le debemos la vida. Pero con frecuencia se nos olvida que es la MADRE naturaleza la que nos permite estar donde hoy estamos, porque gracias a ella es posible la concepción, la gestación, el alumbramiento, el desarrollo de la vida y finalmente la muerte. Y en cambio, las embarazadas y parturientas acabamos dándole las gracias al médico que "nos ha sacado a nuestro retoño" por tan magnífica labor. No sé en qué pensamos... Pero, ¡es que no nos damos cuenta que sin ellos también pariríamos! Y más tranquilas, más confiadas y seguras, más serenas, centradas en nuestra tarea (parir) y no en respirar como dicta el médico o la enfermera, en sonreir cuando nos dicen que "lo estamos haciendo muy bien", o en empujar según las indicaciones de los profesionales. Nosotras parimos, porque estamos diseñadas para parir, y esa es nuestra misión en la vida, hacer procrear la especie. Así que ya es hora que empecemos a identificar dónde estamos y reconocer nuestra función, que por supuesto, conlleva una responsabilidad, la de hacernos protagonistas de nuestros propios partos, por nuestros hijos y por nosotras. Por evitar someterlo y someternos a riesgos con el uso (o abuso) de drogas para calmar los famosos dolores (dolores para los que estamos preparadas per se para parir, pues sin esta condición la especie JAMÁS habría podido evolucionar. ¿O acaso hace 3.000 años existían anestesistas, obstetras, epidurales, fórceps y todo tipo de artilugios que se "sobreusan" hoy día?), para acelerar el parto simplemente porque algunos tienen prisa (¿por ir a atender otro parto?)
En el año 1981, en su libro La vida secreta del niño antes de nacer, el Dr.Thomas Verny, obstetra y psiquiatra perinatal, escribía:
"[...] Lo vemos a través de los ojos de la madre y es su alegría la que despierta nuestra simpatía. Suponemos que el niño no siente nada, que es un espectador inocente del acontecimiento. Lisa y llanamente, esto no es verdad. Para su madre y su padre, su nacimiento puede representar un recuerdo imborrable, la satisfacción de un sueño de toda la vida; sin embargo, para el propio niño es algo mucho más trascendental, un acontecimiento que se estampa en su personalidad. Su modo de nacer (doloroso o fácil, tranquilo o violento) determina en gran medida su futura personalidad y cómo verá el mundo que le rodea. Tenga cinco, diez, cuarenta o setenta años, una parte de su ser siempre mirará el mundo a través de los ojos del recién nacido que una vez fue. Por ese motivo, Freud denominó "emociones primarias" al placer y al dolor que acompañan el nacimiento. Ninguno de nosotros logra escapar totalmente a su influencia.
Para comprenderlo nada mejor que intentar ver el nacimiento a través de los ojos de un niño." Pág. 98.
Pero en todo este proceso... ¿se tienen en cuenta los sentimientos del recién no nacido primero y del bebé después?, ¿alguien repara en cuáles pueden ser sus necesidades y, lo más importante, si se le corresponde con una correcta atención?, ¿entiende alguien lo complejo y misterioso que resulta la creación de una vida en el seno de una madre?, y lo afortunadas que tenemos que sentirnos por ser las elegidas para llevar a cabo tan maravillosa experiencia. ¿Alguien piensa en lo duro, a la vez que placentero, que resulta para el recién nacido ese momento tan crucial en su vida, el momento en que es alumbrado?,...
Hace años que se viene advirtiendo de la espantosa tecnificación de los nacimientos. La tecnología médicocientífica está muy bien para cuando realmente sea necesario, pero como rutina habría que dar paso a las leyes que rigen la naturaleza, pues al fin y al cabo, gracias a ella, y no a la ciencia o la medicina, le debemos la vida. Pero con frecuencia se nos olvida que es la MADRE naturaleza la que nos permite estar donde hoy estamos, porque gracias a ella es posible la concepción, la gestación, el alumbramiento, el desarrollo de la vida y finalmente la muerte. Y en cambio, las embarazadas y parturientas acabamos dándole las gracias al médico que "nos ha sacado a nuestro retoño" por tan magnífica labor. No sé en qué pensamos... Pero, ¡es que no nos damos cuenta que sin ellos también pariríamos! Y más tranquilas, más confiadas y seguras, más serenas, centradas en nuestra tarea (parir) y no en respirar como dicta el médico o la enfermera, en sonreir cuando nos dicen que "lo estamos haciendo muy bien", o en empujar según las indicaciones de los profesionales. Nosotras parimos, porque estamos diseñadas para parir, y esa es nuestra misión en la vida, hacer procrear la especie. Así que ya es hora que empecemos a identificar dónde estamos y reconocer nuestra función, que por supuesto, conlleva una responsabilidad, la de hacernos protagonistas de nuestros propios partos, por nuestros hijos y por nosotras. Por evitar someterlo y someternos a riesgos con el uso (o abuso) de drogas para calmar los famosos dolores (dolores para los que estamos preparadas per se para parir, pues sin esta condición la especie JAMÁS habría podido evolucionar. ¿O acaso hace 3.000 años existían anestesistas, obstetras, epidurales, fórceps y todo tipo de artilugios que se "sobreusan" hoy día?), para acelerar el parto simplemente porque algunos tienen prisa (¿por ir a atender otro parto?)
En el año 1981, en su libro La vida secreta del niño antes de nacer, el Dr.Thomas Verny, obstetra y psiquiatra perinatal, escribía:
"[...] Lo vemos a través de los ojos de la madre y es su alegría la que despierta nuestra simpatía. Suponemos que el niño no siente nada, que es un espectador inocente del acontecimiento. Lisa y llanamente, esto no es verdad. Para su madre y su padre, su nacimiento puede representar un recuerdo imborrable, la satisfacción de un sueño de toda la vida; sin embargo, para el propio niño es algo mucho más trascendental, un acontecimiento que se estampa en su personalidad. Su modo de nacer (doloroso o fácil, tranquilo o violento) determina en gran medida su futura personalidad y cómo verá el mundo que le rodea. Tenga cinco, diez, cuarenta o setenta años, una parte de su ser siempre mirará el mundo a través de los ojos del recién nacido que una vez fue. Por ese motivo, Freud denominó "emociones primarias" al placer y al dolor que acompañan el nacimiento. Ninguno de nosotros logra escapar totalmente a su influencia.
Para comprenderlo nada mejor que intentar ver el nacimiento a través de los ojos de un niño." Pág. 98.
¿Atendemos a nuestros hijos desde sus necesidades o... desde las nuestras?
Transcribo unas líneas extraídas del libro Libertad y límites, de Rebeca Wild, pedagoga alemana, que en 1977 fundó junto a su marido Mauricio Wild un centro educativo para preescolares, escolares y adolescentes llamado El Pesta, en reconocimiento al célebre pedagogo suizo Johannes Heinrich Pestalozzi. Desde entonces tiene escritos varios libros donde aborda la educación como un proceso libre, al que se ha de permitir desarrollar con respeto, sin dirigir desde fuera. Numerosos estudios avalan sus afirmaciones, y a ellos remite continuamente en sus libros: véase Maturana H., Varela F.J., Montessori M., Lacey J. y Lacey B., Sheldrake R. Todos ellos coinciden en que "todo organismo se hace a sí mismo" en su interacción libre a la vez que limitada con el medio. Y todo intento de enseñar o adoctrinar, desde fuera, da lugar a la modelación de personas de acuerdo a unos estándares o patrones sociales comúnmente establecidos, pero restan o anulan todo atisbo de personalidad, originalidad, creatividad.
Núria i Josep
___________________________________________
"Después de todos los años de una educación que impone a los niños limitaciones y obligaciones para que ellos "de adultos tengan una vida mejor" supone una gran decepción tener que aplazar esta esperanza hasta la jubilación o hasta que los hijos se vayan de casa. Por tanto, no es de extrañar que a veces hay personas que quisieran recuperar su infancia o su juventud en una época en la que su etapa de vida actual requeriría hacer algo por su entorno que tenga un real sentido. O que cojan por los pelos toda oportunidad para liberarse de sus responsabilidades, al menos provisionalmente, para dedicarse a la búsqueda del sentido de la vida.
Es frecuente que en tales circunstancias, el cuidado de los niños se convierta en una carga, aun cuando el recién nacido sea recibido en un ambiente festivo. El deseo de satisfacer las necesidades propias choca con las tareas que deben realizarse no sólo durante todo el día, sino hasta de noche. Esta contradicción se suaviza en una sociedad "progresista", pues las instituciones sociales en parte les libran a los padres de tener que cuidar a sus hijos. Este delegar el cuidado de los niños a otras personas puede que no siempre tenga su orígen en un apuro verdadero. Hay bastantes madres que prefieren pasar ocho horas delante del ordenador, o pasar tiempo hablando por teléfono, antes que quedarse en casa con sus hijos. En una sociedad en la que los niños no son la prioridad, esta contradicción entre los deseos y los objetivos de los adultos y las necesidades infantiles está cada vez más marcada y puede poner en peligro el desarrollo de la nueva generación. Cuando los padres desean recuperar su juventud, puede suceder que interpreten al idea de educación por medio de la actividad autónoma, de tal forma que los niños "se las apañen ya sin los viejos (padres)". De esta forma, los adultos tienen una coartada para dejar solos a los niños y para dedicarse libremente a sus propios intereses y necesidades."
Libertad y límites, pág. 175 y 176, Wild R.
Núria i Josep
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"Después de todos los años de una educación que impone a los niños limitaciones y obligaciones para que ellos "de adultos tengan una vida mejor" supone una gran decepción tener que aplazar esta esperanza hasta la jubilación o hasta que los hijos se vayan de casa. Por tanto, no es de extrañar que a veces hay personas que quisieran recuperar su infancia o su juventud en una época en la que su etapa de vida actual requeriría hacer algo por su entorno que tenga un real sentido. O que cojan por los pelos toda oportunidad para liberarse de sus responsabilidades, al menos provisionalmente, para dedicarse a la búsqueda del sentido de la vida.
Es frecuente que en tales circunstancias, el cuidado de los niños se convierta en una carga, aun cuando el recién nacido sea recibido en un ambiente festivo. El deseo de satisfacer las necesidades propias choca con las tareas que deben realizarse no sólo durante todo el día, sino hasta de noche. Esta contradicción se suaviza en una sociedad "progresista", pues las instituciones sociales en parte les libran a los padres de tener que cuidar a sus hijos. Este delegar el cuidado de los niños a otras personas puede que no siempre tenga su orígen en un apuro verdadero. Hay bastantes madres que prefieren pasar ocho horas delante del ordenador, o pasar tiempo hablando por teléfono, antes que quedarse en casa con sus hijos. En una sociedad en la que los niños no son la prioridad, esta contradicción entre los deseos y los objetivos de los adultos y las necesidades infantiles está cada vez más marcada y puede poner en peligro el desarrollo de la nueva generación. Cuando los padres desean recuperar su juventud, puede suceder que interpreten al idea de educación por medio de la actividad autónoma, de tal forma que los niños "se las apañen ya sin los viejos (padres)". De esta forma, los adultos tienen una coartada para dejar solos a los niños y para dedicarse libremente a sus propios intereses y necesidades."
Libertad y límites, pág. 175 y 176, Wild R.
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miércoles, 8 de septiembre de 2010
Dile que le quieres, por Laura Gutman
Si en algún momento de nuestra vida nos detuviéramos unos instantes para reflexionar sobre lo que decimos, sobre cómo lo decimos, qué sentimientos hay detrás, cansancio, estrés, prisas por acabar con la tarea, sentiríamos en nuestras entrañas cuán grande es el daño que podemos provocar.
Porque si analizásemos detenidamente nuestras palabras y los sentimientos o emociones en las que se asientan, tomaríamos conciencia real sobre nuestro ser interior y asumiríamos el estrés, los nervios, la impaciencia como propios. Liberaríamos a quienes dirijimos nuestras palabras dolorosas de nuestra carga emocional, y así aprenderíamos a canalizarla por otras vías que no la fácil de arremeter contra los demás, sobre todo los niños, por frágiles e indefensos. También así creceríamos, porque la responsabilidad nos proporcionaría fuerzas para asumir todas cuántas vinieran detrás.
Para ello, hace falta una dosis de autocontrol, otra de capacidad de análisis, otra de comprensión y dos de empatía.
Dejo este artículo de Laura Gutman por si nos puede ayudar a profundizar un poco más en el tema.
Núria i Josep
_____________
Dile que le quieres
Cerremos los ojos y recordemos lo más hermoso que nos han dicho nuestros padres: Princesa…rey de la casa…mi vida…eres un encanto…cariño…mi corazón…mi amor…mi cielo…qué guapo…qué listo…
¿Estamos sonriendo?
Tal vez algunos de nosotros no logremos traer estos recuerdos, y en su lugar aparezcan sin permiso otros: qué tonto eres…pues sólo sabes mentir…que si sigues así se lo diré a tu padre…eres malo…no te quiero… ¿acaso no comprendes?... ¿eres sordo?...distraída como su madre…
¿Estamos compungidos?
Lo que nuestros padres -o quienes se ocuparon de criarnos- hayan dicho, se ha constituido necesariamente en lo más sólido de nuestra identidad. Porque somos los adultos quienes nombramos cómo son las cosas. Por eso lo que decimos, es.
El niño pequeño no pone en duda lo que escucha de los mayores. Puede ser doloroso o gratificante, pero en todos los casos, la interpretación de los adultos es absolutamente certera para el niño que aprende a traducir al mundo a través del cristal de los mayores.
En este sentido, la intención con la que hablamos con los niños es importante. Si los amamos de verdad, seguramente nuestras palabras estarán cargadas de sentimientos cariñosos y suaves. Pero si estamos llenos de resentimiento, destilaremos odio aún cuando los niños no tengan nada que ver.
Es verdad que hay situaciones donde el niño se equivoca o hace algo inadecuado. Pues bien. Una cosa es conversar sobre eso que “hizo” mal, y otra cosa es que ese acto lo convierta en alguien que “es” malo. Sólo nuestro rencor puede confundir entre lo uno y lo otro. Si el niño, de tanto escuchar a sus padres diciendo lo mismo, se convence de que es malo, quedará atrapado por ese circuito donde “es” en la medida que es malo, y para ser malo, tiene que seguir haciendo todo lo que haga enfadar a sus padres. En ese punto, ha perdido toda esperanza de ser amado sin condiciones.
Para el niño “eternamente malo a ojos de sus padres”, siempre aparecerá otro individuo que actuará el personaje opuesto: “el eternamente bueno”. A veces es alguien tan cercano como el propio hermano o hermana, u otra persona muy próxima a la familia. Allí, en ese personaje, -no importa qué es lo que haga- recaerá toda la admiración y será nombrado por los padres como alguien “bueno, inteligente y listo”. Esta es la prueba fehaciente de que no se trata de lo que cada uno es o hace, sino de la necesidad de los adultos de proyectar polarizadamente, nuestros lados aceptados y nuestros lados vergonzosos en otros individuos, para no hacernos cargo de quienes somos. Y también para dividir la vida en un costado bien negro y en otro bien blanco, de modo de tener cierta sensación de claridad. Que por supuesto no es tal.
Parece que los adultos necesitamos mostrar todo lo que los niños hacen mal, cuán ineptos o torpes son, para sentirnos un poquito más inteligentes. Es una paradoja, porque al actuar de esta forma, es obvio que somos increíblemente estúpidos.
Sin embargo las cosas son más sencillas de lo que parecen. Decirles a los niños que son hermosos, amados, bienvenidos, adorados, generosos, nobles, bellos, que son la luz de nuestros ojos y la alegría de nuestro corazón; genera hijos aún más agradables, sanos, felices y bien dispuestos. Y no hay nada más placentero que convivir con niños alegres, seguros y llenos de amor. No hay ningún motivo para no prodigarles palabras repletas de colores y sueños, salvo que estemos inundados de rabia y rencor. Es posible que las palabras bonitas no aparezcan en nuestro vocabulario, porque jamás las hemos recibido en nuestra infancia. En ese caso, nos toca aprenderlas con tenacidad y voluntad. Si hacemos ese trabajo ahora, nuestros hijos -al devenir padres- no tendrán que aprender esta lección. Porque surgirán de sus entrañas con total naturalidad, las palabras más bellas y las frases más gratificantes hacia sus hijos. Y esas cadenas de palabras amorosas se perpetuarán por generaciones y generaciones, sin que nuestros nietos y bisnietos reparen en ellas, porque harán parte de su genuina manera de ser.
Parece que nuestra generación es bisagra en la evolución de la sociedad occidental. A las mujeres nos toca aprender a trabajar y lidiar con el dinero. A ser autónomas. Nos toca aprender sobre nuestra sexualidad. A re aprender a ser madres con parámetros diferentes de los de nuestras madres y abuelas. Y nos toca aprender a amar. Por eso es posible que sintamos que es un enorme desafío y además es mucho trabajo, esto de criar a los niños de un modo diferente a como hemos sido criadas. Es verdad. Es mucho trabajo. Pero se lo estamos ahorrando a nuestra descendencia. Pensemos que es una inversión a futuro con riesgo cero. De ahora en más… ¡sólo palabras de amor para nuestros hijos! Gritemos al viento que los amamos hasta el cielo. Y más alto aún. Y más y más.
Laura Gutman
Porque si analizásemos detenidamente nuestras palabras y los sentimientos o emociones en las que se asientan, tomaríamos conciencia real sobre nuestro ser interior y asumiríamos el estrés, los nervios, la impaciencia como propios. Liberaríamos a quienes dirijimos nuestras palabras dolorosas de nuestra carga emocional, y así aprenderíamos a canalizarla por otras vías que no la fácil de arremeter contra los demás, sobre todo los niños, por frágiles e indefensos. También así creceríamos, porque la responsabilidad nos proporcionaría fuerzas para asumir todas cuántas vinieran detrás.
Para ello, hace falta una dosis de autocontrol, otra de capacidad de análisis, otra de comprensión y dos de empatía.
Dejo este artículo de Laura Gutman por si nos puede ayudar a profundizar un poco más en el tema.
Núria i Josep
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Dile que le quieres
Cerremos los ojos y recordemos lo más hermoso que nos han dicho nuestros padres: Princesa…rey de la casa…mi vida…eres un encanto…cariño…mi corazón…mi amor…mi cielo…qué guapo…qué listo…
¿Estamos sonriendo?
Tal vez algunos de nosotros no logremos traer estos recuerdos, y en su lugar aparezcan sin permiso otros: qué tonto eres…pues sólo sabes mentir…que si sigues así se lo diré a tu padre…eres malo…no te quiero… ¿acaso no comprendes?... ¿eres sordo?...distraída como su madre…
¿Estamos compungidos?
Lo que nuestros padres -o quienes se ocuparon de criarnos- hayan dicho, se ha constituido necesariamente en lo más sólido de nuestra identidad. Porque somos los adultos quienes nombramos cómo son las cosas. Por eso lo que decimos, es.
El niño pequeño no pone en duda lo que escucha de los mayores. Puede ser doloroso o gratificante, pero en todos los casos, la interpretación de los adultos es absolutamente certera para el niño que aprende a traducir al mundo a través del cristal de los mayores.
En este sentido, la intención con la que hablamos con los niños es importante. Si los amamos de verdad, seguramente nuestras palabras estarán cargadas de sentimientos cariñosos y suaves. Pero si estamos llenos de resentimiento, destilaremos odio aún cuando los niños no tengan nada que ver.
Es verdad que hay situaciones donde el niño se equivoca o hace algo inadecuado. Pues bien. Una cosa es conversar sobre eso que “hizo” mal, y otra cosa es que ese acto lo convierta en alguien que “es” malo. Sólo nuestro rencor puede confundir entre lo uno y lo otro. Si el niño, de tanto escuchar a sus padres diciendo lo mismo, se convence de que es malo, quedará atrapado por ese circuito donde “es” en la medida que es malo, y para ser malo, tiene que seguir haciendo todo lo que haga enfadar a sus padres. En ese punto, ha perdido toda esperanza de ser amado sin condiciones.
Para el niño “eternamente malo a ojos de sus padres”, siempre aparecerá otro individuo que actuará el personaje opuesto: “el eternamente bueno”. A veces es alguien tan cercano como el propio hermano o hermana, u otra persona muy próxima a la familia. Allí, en ese personaje, -no importa qué es lo que haga- recaerá toda la admiración y será nombrado por los padres como alguien “bueno, inteligente y listo”. Esta es la prueba fehaciente de que no se trata de lo que cada uno es o hace, sino de la necesidad de los adultos de proyectar polarizadamente, nuestros lados aceptados y nuestros lados vergonzosos en otros individuos, para no hacernos cargo de quienes somos. Y también para dividir la vida en un costado bien negro y en otro bien blanco, de modo de tener cierta sensación de claridad. Que por supuesto no es tal.
Parece que los adultos necesitamos mostrar todo lo que los niños hacen mal, cuán ineptos o torpes son, para sentirnos un poquito más inteligentes. Es una paradoja, porque al actuar de esta forma, es obvio que somos increíblemente estúpidos.
Sin embargo las cosas son más sencillas de lo que parecen. Decirles a los niños que son hermosos, amados, bienvenidos, adorados, generosos, nobles, bellos, que son la luz de nuestros ojos y la alegría de nuestro corazón; genera hijos aún más agradables, sanos, felices y bien dispuestos. Y no hay nada más placentero que convivir con niños alegres, seguros y llenos de amor. No hay ningún motivo para no prodigarles palabras repletas de colores y sueños, salvo que estemos inundados de rabia y rencor. Es posible que las palabras bonitas no aparezcan en nuestro vocabulario, porque jamás las hemos recibido en nuestra infancia. En ese caso, nos toca aprenderlas con tenacidad y voluntad. Si hacemos ese trabajo ahora, nuestros hijos -al devenir padres- no tendrán que aprender esta lección. Porque surgirán de sus entrañas con total naturalidad, las palabras más bellas y las frases más gratificantes hacia sus hijos. Y esas cadenas de palabras amorosas se perpetuarán por generaciones y generaciones, sin que nuestros nietos y bisnietos reparen en ellas, porque harán parte de su genuina manera de ser.
Parece que nuestra generación es bisagra en la evolución de la sociedad occidental. A las mujeres nos toca aprender a trabajar y lidiar con el dinero. A ser autónomas. Nos toca aprender sobre nuestra sexualidad. A re aprender a ser madres con parámetros diferentes de los de nuestras madres y abuelas. Y nos toca aprender a amar. Por eso es posible que sintamos que es un enorme desafío y además es mucho trabajo, esto de criar a los niños de un modo diferente a como hemos sido criadas. Es verdad. Es mucho trabajo. Pero se lo estamos ahorrando a nuestra descendencia. Pensemos que es una inversión a futuro con riesgo cero. De ahora en más… ¡sólo palabras de amor para nuestros hijos! Gritemos al viento que los amamos hasta el cielo. Y más alto aún. Y más y más.
Laura Gutman
También la desgracia se hereda, Joan Garriga para La Vanguardia
“También la desgracia
se hereda”
Joan Garriga
Tengo 46 años. Nací en Bellpuig. Codirijo a los 30 psicoterapeutas del
Instituto Gestalt. Tengo dos hijos, me he separado dos veces: dos
experiencias valiosas para poder ayudar a mis pacientes. Creo con san
Agustín que Dios es más yo que yo mismo y con Hellinger que no sólo
las personas tienen alma y conciencia, también las familias.
Aquella señora era feminista...
–Posición muy respetable.
–Sin duda, pero además sufría
aversión a los hombres hasta
el punto de sufrir una grave
disfunción sexual. Al tiempo, se creía emancipada
de su familia y sus padres.
–¿Y no lo estaba?
–Nadie puede construir su destino al margen
de su constelación familiar. Aunque no
lo sepa, usted cumple las leyes sistémicas...
–Por ejemplo.
–No hay amor más ciego que el de un hijo.
Los descendientes asumen las culpas de los
ascendientes de una manera incondicional,
por eso también la desgracia se hereda. Aquella
feminista y yo investigamos juntos su
constelación familiar. Su abuela enferma había
sufrido el acoso sexual de su abuelo y,
con él, continuos embarazos que siempre
acababan en abortos o bebés muertos.
–Eso no es culpa de la nieta.
–¡Sí! ¡Ella la asumió! Todos asumimos por
amor y aun de forma inconsciente las culpas
de nuestros ascendientes, de forma que todo
amor, odio, abuso, altruismo permanece en
la constelación familiar: nada se pierde. Todo
vuelve a emerger y por eso, aun dos generaciones
después de aquellas violaciones, la
nieta rechaza la sexualidad masculina.
–He visto cómo trataba a esa señora cuyo
padre había abusado de ella... Emocionante.
–Déjeme que le explique por qué hemos
representado su constelación familiar.
–Adelante.
–Nosotros tenemos conciencia individual.
–Nadie lo discute.
–Pero es muy limitada: sólo se orienta a
asegurarnos un lugar en los sistemas de relación.
También existe una conciencia de nuestra
constelación familiar.
–Entonces cada familia tiene conciencia.
–Sí, pero una constelación familiar es mucho
más amplia que una familia.
–¿A quiénes incluye?
–Su constelación familiar no sólo incluye
al parentesco genético, sino también a todas
aquellas personas vivas o fallecidas con las
que le unen lazos de amor o con las que se
vincula por relaciones de sexo o violencia.
–Eros y Tánatos.
–Vida y muerte más allá del bien y del
mal, porque los descendientes son leales a
sus ascendientes. En su constelación familiar,
además de sus padres y antepasados, están
los abortos, los muertos, las violaciones,
los hijos secretos, los emigrados, los amantes
y los ex amantes.
–Eso parece el metro en hora punta.
–Es intrincado, sí. Usted tal vez no sepa
que tuvo un hermano que murió, pero la conciencia
de su constelación sí y usted actuará
aun sin saberlo para restablecer el equilibrio
que causa esa pérdida. Hellinger, el gran investigador
de la conciencia sistémica, explica
que esas emociones trascienden su propia
generación y son heredadas por los descendientes.
Sus amores de hoy también los gozarán
y sufrirán sus nietos.
–Deme ejemplos.
–A veces, las madres hacen que un hijo represente
en la constelación el papel de un ex
del que aún están enamoradas.
–¿No podré librarme nunca de mis ex?
–Si sus vínculos afectivos fueron profundos,
no. Permanece en su constelación y forman
parte del alma familiar del sistema y
van a condicionar a todos sus miembros.
–¿Y cómo confortar a aquella señora destrozada
por los abusos de su padre en su niñez?
–Ayudándole a que descubra. Hay que conocer
y aceptar, sólo así todos encuentran su
lugar y su reconocimiento, su amor, en la
constelación familiar. Es el equilibrio.
–¿Perdonar?
–Asumir. Piense que la mayoría de nuestros
pensamientos consideran estérilmente
cómo “deberían ser” las cosas. Se trata de reconocerlas
como son y aceptar su existencia.
–Otro ejemplo...
–Unpaciente, tras dos intentos de suicidio
y una grave conducta autodestructiva, quiso
saber por qué no quería vivir.
–¿?
–Su madre había muerto en su parto y él
creía estar en deuda con su madre y quería
de forma inconsciente “devolverle” el favor.
–¿Comprendió su error?
–Al reconocerlo, sí. Aceptó que su madre
le había dado la vida con todas sus consecuencias
y que, si él se la quitaba, convertiría
en estéril el sacrificio de su madre. Así, él
aceptó la vida que le dio su madre y se recuperó
el equilibrio en la constelación.
–¿Y cómo descubren esos misterios?
–Representamos la constelación.
–¿Cómo?
–De entre los voluntarios del grupo de terapia
el paciente elige a quienes representan a
los miembros de su constelación.
–¿Todos pueden representar a todos?
–Sí, pero sólo es necesario encarnar a los
familiares cruciales en su problema.
–¿Y cómo descubren ese problema?
–Está en esa conciencia universal. Se produce
un salto alógico y ese voluntario que hace
de actor experimenta así las mismas tensiones
que su personaje en la constelación.
–Por ejemplo.
–Unactor elegido para representar a un padre
empezó a sentirse mal y encogerse angustiado
y retorcerse sin saber por qué.
–¿Por qué sufría tanto?
–Porque ese padre había sido hemipléjico
de un accidente y sufría horriblemente.
–Parece magia.
–Es la vida. Situamos a los actores representando
en un espacio simbólico las relaciones
de la constelación y allí el paciente empieza a
descubrir, asumir y aceptar para recuperar su
lugar en el sistema y con él el equilibrio.
E N F A M I L I A
Soy mucho más que yo. Soy
mis padres y los padres de mis
padres y también sus hijos
nacidos y no nacidos y sus
amantes y toda su vileza o su
nobleza. En la voz sabia y
antigua del doctor Hellinger
me reconozco como me reconocí
con muchos de ustedes en los
Buendía de García Márquez, en
los Buddenbrook de Mann, en
los Karamazov de Dostoievsky
en mi modesta saga familiar
como en la de los dioses,
semidioses y parientes de la
tragedia griega o gitana. Si
queremos saber quiénes somos,
hay que mirar genes atrás con
puro afán de conocimiento.
Contemplo una sesión de
terapia de Garriga y me
emociono. Veo llorar a quienes
no querían saber y a quienes se
descubren durante sesiones de
ocho horas que alcanzan la
intensidad del mejor Sófocles.
Lluis Amiguet
se hereda”
Joan Garriga
Tengo 46 años. Nací en Bellpuig. Codirijo a los 30 psicoterapeutas del
Instituto Gestalt. Tengo dos hijos, me he separado dos veces: dos
experiencias valiosas para poder ayudar a mis pacientes. Creo con san
Agustín que Dios es más yo que yo mismo y con Hellinger que no sólo
las personas tienen alma y conciencia, también las familias.
Aquella señora era feminista...
–Posición muy respetable.
–Sin duda, pero además sufría
aversión a los hombres hasta
el punto de sufrir una grave
disfunción sexual. Al tiempo, se creía emancipada
de su familia y sus padres.
–¿Y no lo estaba?
–Nadie puede construir su destino al margen
de su constelación familiar. Aunque no
lo sepa, usted cumple las leyes sistémicas...
–Por ejemplo.
–No hay amor más ciego que el de un hijo.
Los descendientes asumen las culpas de los
ascendientes de una manera incondicional,
por eso también la desgracia se hereda. Aquella
feminista y yo investigamos juntos su
constelación familiar. Su abuela enferma había
sufrido el acoso sexual de su abuelo y,
con él, continuos embarazos que siempre
acababan en abortos o bebés muertos.
–Eso no es culpa de la nieta.
–¡Sí! ¡Ella la asumió! Todos asumimos por
amor y aun de forma inconsciente las culpas
de nuestros ascendientes, de forma que todo
amor, odio, abuso, altruismo permanece en
la constelación familiar: nada se pierde. Todo
vuelve a emerger y por eso, aun dos generaciones
después de aquellas violaciones, la
nieta rechaza la sexualidad masculina.
–He visto cómo trataba a esa señora cuyo
padre había abusado de ella... Emocionante.
–Déjeme que le explique por qué hemos
representado su constelación familiar.
–Adelante.
–Nosotros tenemos conciencia individual.
–Nadie lo discute.
–Pero es muy limitada: sólo se orienta a
asegurarnos un lugar en los sistemas de relación.
También existe una conciencia de nuestra
constelación familiar.
–Entonces cada familia tiene conciencia.
–Sí, pero una constelación familiar es mucho
más amplia que una familia.
–¿A quiénes incluye?
–Su constelación familiar no sólo incluye
al parentesco genético, sino también a todas
aquellas personas vivas o fallecidas con las
que le unen lazos de amor o con las que se
vincula por relaciones de sexo o violencia.
–Eros y Tánatos.
–Vida y muerte más allá del bien y del
mal, porque los descendientes son leales a
sus ascendientes. En su constelación familiar,
además de sus padres y antepasados, están
los abortos, los muertos, las violaciones,
los hijos secretos, los emigrados, los amantes
y los ex amantes.
–Eso parece el metro en hora punta.
–Es intrincado, sí. Usted tal vez no sepa
que tuvo un hermano que murió, pero la conciencia
de su constelación sí y usted actuará
aun sin saberlo para restablecer el equilibrio
que causa esa pérdida. Hellinger, el gran investigador
de la conciencia sistémica, explica
que esas emociones trascienden su propia
generación y son heredadas por los descendientes.
Sus amores de hoy también los gozarán
y sufrirán sus nietos.
–Deme ejemplos.
–A veces, las madres hacen que un hijo represente
en la constelación el papel de un ex
del que aún están enamoradas.
–¿No podré librarme nunca de mis ex?
–Si sus vínculos afectivos fueron profundos,
no. Permanece en su constelación y forman
parte del alma familiar del sistema y
van a condicionar a todos sus miembros.
–¿Y cómo confortar a aquella señora destrozada
por los abusos de su padre en su niñez?
–Ayudándole a que descubra. Hay que conocer
y aceptar, sólo así todos encuentran su
lugar y su reconocimiento, su amor, en la
constelación familiar. Es el equilibrio.
–¿Perdonar?
–Asumir. Piense que la mayoría de nuestros
pensamientos consideran estérilmente
cómo “deberían ser” las cosas. Se trata de reconocerlas
como son y aceptar su existencia.
–Otro ejemplo...
–Unpaciente, tras dos intentos de suicidio
y una grave conducta autodestructiva, quiso
saber por qué no quería vivir.
–¿?
–Su madre había muerto en su parto y él
creía estar en deuda con su madre y quería
de forma inconsciente “devolverle” el favor.
–¿Comprendió su error?
–Al reconocerlo, sí. Aceptó que su madre
le había dado la vida con todas sus consecuencias
y que, si él se la quitaba, convertiría
en estéril el sacrificio de su madre. Así, él
aceptó la vida que le dio su madre y se recuperó
el equilibrio en la constelación.
–¿Y cómo descubren esos misterios?
–Representamos la constelación.
–¿Cómo?
–De entre los voluntarios del grupo de terapia
el paciente elige a quienes representan a
los miembros de su constelación.
–¿Todos pueden representar a todos?
–Sí, pero sólo es necesario encarnar a los
familiares cruciales en su problema.
–¿Y cómo descubren ese problema?
–Está en esa conciencia universal. Se produce
un salto alógico y ese voluntario que hace
de actor experimenta así las mismas tensiones
que su personaje en la constelación.
–Por ejemplo.
–Unactor elegido para representar a un padre
empezó a sentirse mal y encogerse angustiado
y retorcerse sin saber por qué.
–¿Por qué sufría tanto?
–Porque ese padre había sido hemipléjico
de un accidente y sufría horriblemente.
–Parece magia.
–Es la vida. Situamos a los actores representando
en un espacio simbólico las relaciones
de la constelación y allí el paciente empieza a
descubrir, asumir y aceptar para recuperar su
lugar en el sistema y con él el equilibrio.
E N F A M I L I A
Soy mucho más que yo. Soy
mis padres y los padres de mis
padres y también sus hijos
nacidos y no nacidos y sus
amantes y toda su vileza o su
nobleza. En la voz sabia y
antigua del doctor Hellinger
me reconozco como me reconocí
con muchos de ustedes en los
Buendía de García Márquez, en
los Buddenbrook de Mann, en
los Karamazov de Dostoievsky
en mi modesta saga familiar
como en la de los dioses,
semidioses y parientes de la
tragedia griega o gitana. Si
queremos saber quiénes somos,
hay que mirar genes atrás con
puro afán de conocimiento.
Contemplo una sesión de
terapia de Garriga y me
emociono. Veo llorar a quienes
no querían saber y a quienes se
descubren durante sesiones de
ocho horas que alcanzan la
intensidad del mejor Sófocles.
Lluis Amiguet
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lunes, 6 de septiembre de 2010
El niño no nacido
A finales del siglo XV, el artista, científico, inventor, escultor, pintor y humanista, Leonardo da Vinci ya esbozaba lo que dentro del seno materno el niño era capaz de sentir. Las influencias que los sentimientos y emociones de la madre ejercían sobre el bebé, y sobre cómo éstos comenzaban a modelar la personalidad del niño.
Estos planteamientos fueron adquiriendo posteriormente un aval más científico a medida que se iban desarrollando estudios e investigaciones que ponían de manifiesto la relación simbiótica madre-niño.
Aún seis siglos después continúan existiendo quienes cuestionan estos resultados e insisten en imponer la idea de que el niño intrauterino no oye, siente ni ve. Muy probrablemente, después sean quienes deseen hacer uso de modelos conductistas para conseguir un "mejor desarrollo del niño", ignorando, o cuanto menos restando importancia, a los sentimientos propios del niño y no respetando sus procesos.
Lo único que hace falta es dejar paso al curso natural de la vida sin insistir en dirigir, manipular y controlar desde fuera, ejerciendo nuestra maternidad/paternidad desde el amor y el respeto más profundos, naturales e instintivos.
Entre sus Cuadernos, Leonardo da Vinci escribía esto:
"La misma alma gobierna los dos cuerpos... las cosas deseadas por la madre a menudo quedan grabadas en el niño que la madre lleva en su seno en el momento del deseo... una voluntad, un supremo deseo, un temor o un dolor mental que la madre siente tiene más poder sobre el niño que sobre ella, dado que frecuentemente la criatura pierde su vida por este motivo."
Núria i Josep
Estos planteamientos fueron adquiriendo posteriormente un aval más científico a medida que se iban desarrollando estudios e investigaciones que ponían de manifiesto la relación simbiótica madre-niño.
Aún seis siglos después continúan existiendo quienes cuestionan estos resultados e insisten en imponer la idea de que el niño intrauterino no oye, siente ni ve. Muy probrablemente, después sean quienes deseen hacer uso de modelos conductistas para conseguir un "mejor desarrollo del niño", ignorando, o cuanto menos restando importancia, a los sentimientos propios del niño y no respetando sus procesos.
Lo único que hace falta es dejar paso al curso natural de la vida sin insistir en dirigir, manipular y controlar desde fuera, ejerciendo nuestra maternidad/paternidad desde el amor y el respeto más profundos, naturales e instintivos.
Entre sus Cuadernos, Leonardo da Vinci escribía esto:
"La misma alma gobierna los dos cuerpos... las cosas deseadas por la madre a menudo quedan grabadas en el niño que la madre lleva en su seno en el momento del deseo... una voluntad, un supremo deseo, un temor o un dolor mental que la madre siente tiene más poder sobre el niño que sobre ella, dado que frecuentemente la criatura pierde su vida por este motivo."
Núria i Josep
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miércoles, 1 de septiembre de 2010
"Nadie mejor que tu", Fangoria
Aqui dejo la letra de una canción de Fangoria que me parece ciertamente reveladora.
Núria i Josep
_____________
NADIE MEJOR QUE TU
Álbum: Arquitectura Efimera
Autor: Fangoria
Para de mentir,
de intentar controlar
cada emoción
Deja de ocultar
la verdad y engañar
a tu corazón
Empieza por reconocer
qué es lo que eres
Tienes que recuperar
tu identidad
Para de llorar
que la pena al final
les da lo peor
Deja de pensar
que el tiempo traerá
la solución
Acaba ya de una vez
de poner "peros"
Te repites y además
quedas fatal
Nadie mejor que tú podrá
decidir cambiar
Nadie mejor que tú para
encontrar otra realidad
Nadie mejor que tú sabrá
cuál es la verdad
Nadie mejor que tú para
inventar la felicidad
Basta de creer
en un dios que jamás
ha creído en tí
Deja de esperar otra oportunidad
no va a venir
Empieza por vivir aquí
en el presente
Es tu sitio y además
no está tan mal
Nadie mejor que tú podrá
decidir cambiar
Nadie mejor que tú para
encontrar otra realidad
Nadie mejor que tú sabrá
cuál es la verdad
Nadie mejor que tú para
inventar la felicidad
Núria i Josep
_____________
NADIE MEJOR QUE TU
Álbum: Arquitectura Efimera
Autor: Fangoria
Para de mentir,
de intentar controlar
cada emoción
Deja de ocultar
la verdad y engañar
a tu corazón
Empieza por reconocer
qué es lo que eres
Tienes que recuperar
tu identidad
Para de llorar
que la pena al final
les da lo peor
Deja de pensar
que el tiempo traerá
la solución
Acaba ya de una vez
de poner "peros"
Te repites y además
quedas fatal
Nadie mejor que tú podrá
decidir cambiar
Nadie mejor que tú para
encontrar otra realidad
Nadie mejor que tú sabrá
cuál es la verdad
Nadie mejor que tú para
inventar la felicidad
Basta de creer
en un dios que jamás
ha creído en tí
Deja de esperar otra oportunidad
no va a venir
Empieza por vivir aquí
en el presente
Es tu sitio y además
no está tan mal
Nadie mejor que tú podrá
decidir cambiar
Nadie mejor que tú para
encontrar otra realidad
Nadie mejor que tú sabrá
cuál es la verdad
Nadie mejor que tú para
inventar la felicidad
viernes, 27 de agosto de 2010
Muerte en la cuna, por Laura Gutman
Después de una breve pausa cuelgo este artículo de Laura Gutman, especialmente dirigido a las nuevas mamás, para disipar los miedos y ayudar a aclarar los procesos. Porque, una vez más, se pone en claro que confiando en el curso natural de la vida podemos apartar del camino muchas dificultades.
En nuestra experiencia personal, durante varios meses después del nacimiento de Josep dormía siempre (y digo siempre, toda la noche inclusive) boca abajo encima de mi pecho. Hasta que un día, sin necesidad de hacer absolutamente nada, él solo comenzó a dar señas de querer yacer dormido en la cama, por supuesto, junto a mí. Y así dormimos siempre, felices, juntos su padre, él y yo, con la teta y el contacto con mi cuerpo a su plena disposición. Y aún hoy, tras 13 meses, hay días que dormimos algún ratito de la misma manera, él boca abajo estirado encima de mi pecho, y gozamos con el amor que nos prodigamos.
Núria i Josep
____________________________________________
Muerte en la cuna
Cuando se desparrama la noticia por la “muerte súbita” de un bebé, el miedo a lo impredecible y la falsa aseveración de que esa posibilidad es “aleatoria” -es decir que le puede ocurrir a nuestro bebe en cualquier momento- se apodera de nosotros, con la idea fortuita de que dependerá de la buena o la mala suerte que tengamos.
Sin embargo las cosas no son así. La “muerte súbita” está mal nombrada. Tendríamos que llamarla “muerte en la cuna”. Para ser más exactos, habría que denominarla: “muerte en la cuna mientras está solo.”. No hay bebes sanos que mueran súbitamente en brazos de una persona maternante. Discutir si es mejor hacerlos dormir boca arriba o boca abajo, refleja la espantosa ignorancia que los occidentales compartimos sobre el universo de los bebes. Lo único a investigar es si los bebes duermen solos o si duermen en contacto completo y absoluto con otro cuerpo humano.
Toda cría de mamífero de cualquier especie sabe que no puede ni debe estar sola, porque queda expuesta a los depredadores. El bebe humano sabe exactamente lo mismo, por eso usa sus dos principales herramientas para su supervivencia: el llanto y la succión. Ahora bien, si después de llorar y llorar y llorar, ningún adulto acude a salvarlo...porque “tiene que acostumbrarse a dormir solo”, aparecerá la resignación y la dolorosa certeza de saber que está solo en este mundo. Luego, en su afán por ser amado, reclamará presencia y contacto corporal de múltiples maneras: enfermándose, llorando en momentos inadecuados, lastimándose, no aumentando de peso, deprimiéndose…hasta que una noche…en medio de un profundo silencio, decide no despertar más.
¿Y qué hacemos los hombres y las mujeres decentes y bien pensantes? Le decimos a la mamá que vuelva a trabajar pronto, que sea fuerte, que no afloje, que no se rinda, que la queremos, que sea valiente, que se ocupe de sí misma, que tenga garra, que luche, que siga adelante.
Mientras expulsemos a todas las madres del recogimiento y el silencio de la maternidad y mientras sólo las reconozcamos en los ámbitos públicos o exitosos, seguiremos siendo todos responsables por cada bebe que decide partir, harto de soledad, quietud y frío.
Laura Gutman
En nuestra experiencia personal, durante varios meses después del nacimiento de Josep dormía siempre (y digo siempre, toda la noche inclusive) boca abajo encima de mi pecho. Hasta que un día, sin necesidad de hacer absolutamente nada, él solo comenzó a dar señas de querer yacer dormido en la cama, por supuesto, junto a mí. Y así dormimos siempre, felices, juntos su padre, él y yo, con la teta y el contacto con mi cuerpo a su plena disposición. Y aún hoy, tras 13 meses, hay días que dormimos algún ratito de la misma manera, él boca abajo estirado encima de mi pecho, y gozamos con el amor que nos prodigamos.
Núria i Josep
____________________________________________
Muerte en la cuna
Cuando se desparrama la noticia por la “muerte súbita” de un bebé, el miedo a lo impredecible y la falsa aseveración de que esa posibilidad es “aleatoria” -es decir que le puede ocurrir a nuestro bebe en cualquier momento- se apodera de nosotros, con la idea fortuita de que dependerá de la buena o la mala suerte que tengamos.
Sin embargo las cosas no son así. La “muerte súbita” está mal nombrada. Tendríamos que llamarla “muerte en la cuna”. Para ser más exactos, habría que denominarla: “muerte en la cuna mientras está solo.”. No hay bebes sanos que mueran súbitamente en brazos de una persona maternante. Discutir si es mejor hacerlos dormir boca arriba o boca abajo, refleja la espantosa ignorancia que los occidentales compartimos sobre el universo de los bebes. Lo único a investigar es si los bebes duermen solos o si duermen en contacto completo y absoluto con otro cuerpo humano.
Toda cría de mamífero de cualquier especie sabe que no puede ni debe estar sola, porque queda expuesta a los depredadores. El bebe humano sabe exactamente lo mismo, por eso usa sus dos principales herramientas para su supervivencia: el llanto y la succión. Ahora bien, si después de llorar y llorar y llorar, ningún adulto acude a salvarlo...porque “tiene que acostumbrarse a dormir solo”, aparecerá la resignación y la dolorosa certeza de saber que está solo en este mundo. Luego, en su afán por ser amado, reclamará presencia y contacto corporal de múltiples maneras: enfermándose, llorando en momentos inadecuados, lastimándose, no aumentando de peso, deprimiéndose…hasta que una noche…en medio de un profundo silencio, decide no despertar más.
¿Y qué hacemos los hombres y las mujeres decentes y bien pensantes? Le decimos a la mamá que vuelva a trabajar pronto, que sea fuerte, que no afloje, que no se rinda, que la queremos, que sea valiente, que se ocupe de sí misma, que tenga garra, que luche, que siga adelante.
Mientras expulsemos a todas las madres del recogimiento y el silencio de la maternidad y mientras sólo las reconozcamos en los ámbitos públicos o exitosos, seguiremos siendo todos responsables por cada bebe que decide partir, harto de soledad, quietud y frío.
Laura Gutman
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lunes, 26 de julio de 2010
Entrevista a Michel Odent “Más que humanizar el parto, hay que mamiferizarlo”, artículo extraído de la revista SerPadres
Michel Odent, prestigioso ginecólogo francés, pionero en la promoción del parto fisiológico y precursor hace tres décadas de las bañeras de dilatación, ha hablado con Ser Padres sobre la importancia de lograr partos menos medicalizados y mucho más naturales, o como él los llama, más cercanos a los de todos los demás mamíferos, más “mamiferizados”.
P: Cuando habla de la importancia del amor en el parto, ¿a qué se refiere?
R: El amor ya no es tema exclusivo de poetas, filósofos o novelistas. Hoy lo estudian científicos de muy diversas disciplinas y han llegado a una conclusión: la importancia que tiene todo lo que sucede en el inicio de la vida para desarrollar la capacidad de amar. Es fundamental no perturbar demasiado el parto para que madre e hijo puedan desarrollar ese amor.
P: ¿No perturbar el parto significa no medicalizarlo y humanizarlo más?
R: Más que humanizar, yo hablaría de “mamiferizar”. Para que un parto sea fácil, hay que redescubrir las necesidades básicas que compartimos con todos los mamíferos. Y todas las hembras, para segregar oxitocina, esa hormona del amor que hasta hace poco se necesitaba liberar para poder dar a luz, necesitan sentirse seguras y que su nivel de adrenalina sea muy bajo. En la selva, si una hembra está a punto de dar a luz y se da cuenta de que tiene un depredador cerca, segregará adrenalina para poder defenderse y retrasará el parto para cuando se sienta más segura. Los mamíferos necesitan sentirse seguros y no observados para dar a luz.
P: ¿Un parto con médicos, oxitocina sintética, epidural, cesárea… no es más fácil?
R: No, la epidural es un medicamento que sustituye a las endorfinas, lo mismo que la oxitocina sintética sustituye a la natural. Todos estos medicamentos hacen el papel de las hormonas que las mujeres no pueden segregar porque no se encuentran en un entorno adecuado. Hoy en día no solo no las pueden liberar las parturientas que dan a luz por cesárea, también muchas de las que tienen un parto vaginal, al usar sustitutos farmacológicos de estas hormonas del amor. El problema es que estos sustitutos no producen efectos sobre el comportamiento y alteran el curso natural del nacimiento, un momento crítico en el proceso del desarrollo de la capacidad de amar.
P: Entonces, ¿cuál es el mejor entorno?
R: Después de llevar más de medio siglo participando en nacimientos, puedo resumir mi aprendizaje en pocas palabras: un parto será más fácil y rápido cuanto más sola esté la mujer. Solo necesita una comadrona que tenga experiencia y una actitud maternal y que se mantenga en silencio. Es el mejor entorno para liberar la oxitocina, que es una hormona tímida y no aparece si hay muchos espectadores.
Autora: L. Artiz.
P: Cuando habla de la importancia del amor en el parto, ¿a qué se refiere?
R: El amor ya no es tema exclusivo de poetas, filósofos o novelistas. Hoy lo estudian científicos de muy diversas disciplinas y han llegado a una conclusión: la importancia que tiene todo lo que sucede en el inicio de la vida para desarrollar la capacidad de amar. Es fundamental no perturbar demasiado el parto para que madre e hijo puedan desarrollar ese amor.
P: ¿No perturbar el parto significa no medicalizarlo y humanizarlo más?
R: Más que humanizar, yo hablaría de “mamiferizar”. Para que un parto sea fácil, hay que redescubrir las necesidades básicas que compartimos con todos los mamíferos. Y todas las hembras, para segregar oxitocina, esa hormona del amor que hasta hace poco se necesitaba liberar para poder dar a luz, necesitan sentirse seguras y que su nivel de adrenalina sea muy bajo. En la selva, si una hembra está a punto de dar a luz y se da cuenta de que tiene un depredador cerca, segregará adrenalina para poder defenderse y retrasará el parto para cuando se sienta más segura. Los mamíferos necesitan sentirse seguros y no observados para dar a luz.
P: ¿Un parto con médicos, oxitocina sintética, epidural, cesárea… no es más fácil?
R: No, la epidural es un medicamento que sustituye a las endorfinas, lo mismo que la oxitocina sintética sustituye a la natural. Todos estos medicamentos hacen el papel de las hormonas que las mujeres no pueden segregar porque no se encuentran en un entorno adecuado. Hoy en día no solo no las pueden liberar las parturientas que dan a luz por cesárea, también muchas de las que tienen un parto vaginal, al usar sustitutos farmacológicos de estas hormonas del amor. El problema es que estos sustitutos no producen efectos sobre el comportamiento y alteran el curso natural del nacimiento, un momento crítico en el proceso del desarrollo de la capacidad de amar.
P: Entonces, ¿cuál es el mejor entorno?
R: Después de llevar más de medio siglo participando en nacimientos, puedo resumir mi aprendizaje en pocas palabras: un parto será más fácil y rápido cuanto más sola esté la mujer. Solo necesita una comadrona que tenga experiencia y una actitud maternal y que se mantenga en silencio. Es el mejor entorno para liberar la oxitocina, que es una hormona tímida y no aparece si hay muchos espectadores.
Autora: L. Artiz.
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Michel Odent,
parto natural
viernes, 23 de julio de 2010
Michel Odent: "Una mujer dando a luz rodeada de gente no es un parto natural" , para El Periódico de Aragón
Michel Odent es obstetra y ginecólogo francés. Durante años desempeñó su profesión practicando cesáreas, hasta que se dió cuenta de que el incremento en el número de éstas al que se veía expuesta la sociedad se debía, mayormente, a la elevada confluencia de interferencias que se dan en el trabajo de parto. Así decidió conquistar nuevos horizontes profesionales, y cambió de rumbo radicalmente. Lleva años asistiendo partos a domicilio y compaginando esta dedicación impartiendo conferencias y seminarios, así como concediendo entrevistas en diferentes medios, por todo el mundo.
Haz click en el enlace que aparece más abajo para acceder a la entrevista que ofreció para El Periódico de Aragón.
Núria i Josep
_____________
ENTREVISTA.
Michel Odent: "Una mujer dando a luz rodeada de gente no es un parto natural"
OBSTETRA Y ESPECIALISTA EN PARTO NATURAL
Michel Odent: "Una mujer dando a luz rodeada de gente no es un parto natural" ( El Periódico de Aragón - 27/01/2010 )
Haz click en el enlace que aparece más abajo para acceder a la entrevista que ofreció para El Periódico de Aragón.
Núria i Josep
_____________
ENTREVISTA.
Michel Odent: "Una mujer dando a luz rodeada de gente no es un parto natural"
OBSTETRA Y ESPECIALISTA EN PARTO NATURAL
Michel Odent: "Una mujer dando a luz rodeada de gente no es un parto natural" ( El Periódico de Aragón - 27/01/2010 )
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jueves, 22 de julio de 2010
Manifiesto Mas Tiempo con los Hijos, www.mastiempoconloshijos.blogspot.com
En su blog tienes la posibilidad de leer el manifiesto que más abajo transcribo y adherirte a él, de manera rápida y sencilla, enviando un e-mail a la dirección de correo electrónico que se facilita, con el objetivo de recaudar firmas para dirigirlas a las autoridades públicas y conseguir así movilizaciones en otra dirección.
Cuántos más seamos, más podremos. ¡Anímate tú también!
Núria i Josep
__________________________________________
MANIFIESTO
DOS AÑOS DE MATERNIDAD/PATERNIDAD GARANTIZADOS POR LOS PODERES PÚBLICOS
Desde hace más de un siglo se conoce la gran importancia que supone para toda la vida del niño y del futuro adulto disponer a su lado, desde el nacimiento y durante los primeros años de la vida, de una o dos figuras de vinculación suficientemente próximas y suficientemente estables en el tiempo. Con los conocimientos científicos actuales resulta evidente que, antes de los tres-cuatro años, es mejor evitar la institucionalización de los bebés y de los niños, si no existen graves motivos para ello. Estas afirmaciones están basadas en:
a) Las investigaciones de los últimos 50 años sobre la vinculación del niño pequeño a sus cuidadores, como base de su salud mental y de su autonomía posteriores. La figura de apego provee, en los primeros años, la seguridad básica esencial para poder explorar el mundo y en esta seguridad básica se sustenta la capacidad de relacionarse con los demás de modo sano y de aprender.
b) Las investigaciones de las últimas décadas sobre la relación entre el vínculo con el cuidador y el desarrollo de las estructuras neurológicas del cerebro que nos muestran, por ejemplo, que el desarrollo del cerebro depende de la calidad de la crianza.
c) Los efectos negativos probados de la institucionalización parcial o total sobre la evolución infantil.
Hoy sabemos que el niño necesita ser cuidado por personas suficientemente constantes en el tiempo, que establezcan con él un vínculo emocional intenso. Esto es lo que le permite desarrollar una vinculación segura y estas condiciones las reúnen, especialmente, los padres. Sólo mediante la continuidad y la constancia en el tiempo, niño y adulto pueden llegar a conocerse, demandar y recibir respuestas adecuadas, realistas y coherentes y, por tanto, estructurantes.
Hoy en día, con la legítima integración de la mujer a la formación y al trabajo remunerado, cada vez más globalizada, existe la indudable necesidad de conciliar el cuidado de los hijos con el trabajo de los padres. Eso significa atender al derecho de los hijos a unos cuidados adecuados para alcanzar un desarrollo personal y mental saludable, así como atender a los derechos de los padres a su propio desarrollo personal y profesional lo cual, entre otras cosas, debe suponer unos ingresos familiares al menos suficientes para el crecimiento y la integración social de niños y familias.
Sabemos que la procreación, además de ser un deseo de los padres, es también una necesidad social. John Bowlby, un experto en estos temas, decía que "la energía que el hombre y la mujer dedican a la producción de bienes materiales aparece cuantificada en todos nuestros índices económicos. Pero la energía que el hombre y la mujer dedican a la producción, en sus propios hogares, de niños felices, sanos y seguros de sí mismos, no cuenta para nada en ninguna estadística. Hemos creado un mundo trastornado".
Las políticas educativas que pretenden arreglar el fracaso escolar con más horas de institución a cualquier edad, transmiten o incluso inculcan a los padres la creencia errónea de que hay que "socializar" a los bebés a los pocos meses; que asistir muchas horas a la escuela es mejor que los cuidados que ellos mismos pueden brindar, y que los padres deben trabajar más y esforzarse laboralmente aún más para poder pagar muchas actividades extraescolares en aras de supuestas mejorías en la formación de sus hijos.
Se invierten fondos y recursos en más plazas de guarderías (escuelas infantiles) y, después, en más plazas de aulas de refuerzo para niños con fracaso escolar; en más equipos de salud mental infanto-juvenil; en más hospitales de día; en más psicofármacos para la infancia; en más servicios hospitalarios para niños y adultos con problemas, etc. Sin embargo, se está ayudando poco a los padres, a nivel económico y laboral, a que mantengan un tiempo para estar con sus hijos, para realizar actividades con ellos, fomentando así una adecuada evolución personal y social. Es decir, su salud mental. Éstas son las verdaderas medidas preventivas. Y por eso resultan mucho más rentables económica, social, emocionalmente y en otros muchos sentidos.
Son sólo algunas de las principales razones por las cuales la sociedad debe contribuir a la crianza de sus jóvenes continuadores. Para ello, resulta fundamental que se comprometa con una verdadera conciliación de la vida laboral y familiar, ayudando a los padres que decidan cuidar personalmente a sus hijos a que tengan el tiempo para ello. En ese sentido, algunos países escandinavos, cuyos niños, por cierto, quedaron en los primeros puestos del último informe PISA (2006) sobre resultados educativos, van muy por delante de nosotros. Consideramos que las políticas educativas y de crianza deben tener en cuenta los conocimientos emanados de las importantes investigaciones llevadas a cabo en las últimas décadas, como se ha hecho en esos países.
Los padres y los bebés de nuestras sociedades se merecen la posibilidad de que, si las madres y padres quieren, puedan ser ellos los principales cuidadores de sus hijos, al menos durante los dos primeros años. Sobre todo, teniendo en cuenta que, con los niveles actuales de natalidad, eso sólo ocurrirá una o dos veces en la vida.
CONSCIENTES de esas necesidades de los niños, de las madres y de los padres de nuestra cultura,
PROFESIONALES de la psicología, la psiquiatría, la enfermería, el trabajo social, la sanidad en general y otras disciplinas conexas, interesados en la salud mental de la población, hemos puesto en marcha una campaña de sensibilización y apoyo CON EL FIN DE SOLICITAR a las instancias legislativas y ejecutivas de nuestro Estado:
Prolongar hasta los dos años el tiempo de cuidado compartido por maternidad/paternidad con protección pública para todos aquellos padres que deseen ocuparse personalmente de sus hijos. Sobre todo, porque se trata de un sistema de cuidados más personalizado y, desde el punto de vista social, más económico y eficiente.
Son necesidades que hoy nos parecen urgentes en los países industrializados, tanto para un aumento de la felicidad de padres e hijos, como para preservar y aumentar la salud mental de las poblaciones. De ahí la reivindicación fundamental que deseamos difundir con esta campaña
DOS AÑOS DE MATERNIDAD/PATERNIDAD GARANTIZADOS POR LOS PODERES PÚBLICOS.
“LA SALUD DE LOS NIÑOS HA DE SER LO PRIMERO”, como muy bien afirma la Oficina Europea de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
ANEXO:
GUARDERIAS Y ESCUELAS INFANTILES PARA TODOS LOS QUE LAS NECESITEN.
Conscientes de que, de todos modos, hay momentos o situaciones en las cuales los padres pueden necesitar llevar a sus hijos a escuelas infantiles, consideramos que estas instituciones requieren de unas condiciones mínimas necesarias para desarrollar adecuadamente sus servicios, por lo que consideramos imprescindible, en estos casos:
-que las guarderías y escuelas infantiles, para los padres que las necesiten, cuenten con personal y recursos suficientes y bien formados, en especial en los tres primeros años de la vida del niño; también, con espacios y educadores particularmente constantes y estables, para que puedan respetarse y atender las necesidades de los niños.
-que haya una proporción adecuada de personal especializado por cada bebé. En ese sentido, las tasas normalmente aceptadas son de una persona por cada 3 ó 4 bebés; para los niños de más de 2 años, una persona para cada 5 ó 6 niños.
-que los recursos sean accesibles para todos y gratuitos en el caso de familias más desfavorecidas.
-que estén orientadas a fomentar la presencia de los padres y madres en la vida de los niños, con horarios adaptados a las necesidades de las familias.
Grupo Promotor
Demetrio Casado, Doctor en Farmacia, Director del Seminario de Intervención y Políticas Sociales (SIPOSO), Madrid.
Ana Pavón, Psicóloga de La Unidad de Salud Mental de Benidorm (Alicante).
Purificación Sierra, Profesora Titular de Psicología Evolutiva de la UNED.
Jorge L Tizón, Psiquiatra, Psicólogo y Neurólogo. Director del Equipo de Prevención en Salud Mental- EAPPP del Institut Català de la Salut en Barcelona y profesor de la Universidad Ramon Llull. Miembro Titular de la Asociación Psicoanalítica Internacional.
Eulàlia Torras, Doctora en Medicina y Cirugía. Psiquiatra y psicoanalista de niños y adolescentes. Presidenta de la Fundació Eulàlia Torras de Beà Institut de Psiquiatria-Psicologia del Nen i de l'Adolescent. Miembro Titular de la Asociación Psicoanalítica Internacional.
Mercedes Valcarce, Doctora en Psicología y Licenciada en Pedagogía. Ex-profesora Titular de Psicología Evolutiva en la Universidad Complutense. Miembro Titular de la Asociación Psicoanalítica Internacional.
A 15 de Septiembre de 2009.
Cuántos más seamos, más podremos. ¡Anímate tú también!
Núria i Josep
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MANIFIESTO
DOS AÑOS DE MATERNIDAD/PATERNIDAD GARANTIZADOS POR LOS PODERES PÚBLICOS
Desde hace más de un siglo se conoce la gran importancia que supone para toda la vida del niño y del futuro adulto disponer a su lado, desde el nacimiento y durante los primeros años de la vida, de una o dos figuras de vinculación suficientemente próximas y suficientemente estables en el tiempo. Con los conocimientos científicos actuales resulta evidente que, antes de los tres-cuatro años, es mejor evitar la institucionalización de los bebés y de los niños, si no existen graves motivos para ello. Estas afirmaciones están basadas en:
a) Las investigaciones de los últimos 50 años sobre la vinculación del niño pequeño a sus cuidadores, como base de su salud mental y de su autonomía posteriores. La figura de apego provee, en los primeros años, la seguridad básica esencial para poder explorar el mundo y en esta seguridad básica se sustenta la capacidad de relacionarse con los demás de modo sano y de aprender.
b) Las investigaciones de las últimas décadas sobre la relación entre el vínculo con el cuidador y el desarrollo de las estructuras neurológicas del cerebro que nos muestran, por ejemplo, que el desarrollo del cerebro depende de la calidad de la crianza.
c) Los efectos negativos probados de la institucionalización parcial o total sobre la evolución infantil.
Hoy sabemos que el niño necesita ser cuidado por personas suficientemente constantes en el tiempo, que establezcan con él un vínculo emocional intenso. Esto es lo que le permite desarrollar una vinculación segura y estas condiciones las reúnen, especialmente, los padres. Sólo mediante la continuidad y la constancia en el tiempo, niño y adulto pueden llegar a conocerse, demandar y recibir respuestas adecuadas, realistas y coherentes y, por tanto, estructurantes.
Hoy en día, con la legítima integración de la mujer a la formación y al trabajo remunerado, cada vez más globalizada, existe la indudable necesidad de conciliar el cuidado de los hijos con el trabajo de los padres. Eso significa atender al derecho de los hijos a unos cuidados adecuados para alcanzar un desarrollo personal y mental saludable, así como atender a los derechos de los padres a su propio desarrollo personal y profesional lo cual, entre otras cosas, debe suponer unos ingresos familiares al menos suficientes para el crecimiento y la integración social de niños y familias.
Sabemos que la procreación, además de ser un deseo de los padres, es también una necesidad social. John Bowlby, un experto en estos temas, decía que "la energía que el hombre y la mujer dedican a la producción de bienes materiales aparece cuantificada en todos nuestros índices económicos. Pero la energía que el hombre y la mujer dedican a la producción, en sus propios hogares, de niños felices, sanos y seguros de sí mismos, no cuenta para nada en ninguna estadística. Hemos creado un mundo trastornado".
Las políticas educativas que pretenden arreglar el fracaso escolar con más horas de institución a cualquier edad, transmiten o incluso inculcan a los padres la creencia errónea de que hay que "socializar" a los bebés a los pocos meses; que asistir muchas horas a la escuela es mejor que los cuidados que ellos mismos pueden brindar, y que los padres deben trabajar más y esforzarse laboralmente aún más para poder pagar muchas actividades extraescolares en aras de supuestas mejorías en la formación de sus hijos.
Se invierten fondos y recursos en más plazas de guarderías (escuelas infantiles) y, después, en más plazas de aulas de refuerzo para niños con fracaso escolar; en más equipos de salud mental infanto-juvenil; en más hospitales de día; en más psicofármacos para la infancia; en más servicios hospitalarios para niños y adultos con problemas, etc. Sin embargo, se está ayudando poco a los padres, a nivel económico y laboral, a que mantengan un tiempo para estar con sus hijos, para realizar actividades con ellos, fomentando así una adecuada evolución personal y social. Es decir, su salud mental. Éstas son las verdaderas medidas preventivas. Y por eso resultan mucho más rentables económica, social, emocionalmente y en otros muchos sentidos.
Son sólo algunas de las principales razones por las cuales la sociedad debe contribuir a la crianza de sus jóvenes continuadores. Para ello, resulta fundamental que se comprometa con una verdadera conciliación de la vida laboral y familiar, ayudando a los padres que decidan cuidar personalmente a sus hijos a que tengan el tiempo para ello. En ese sentido, algunos países escandinavos, cuyos niños, por cierto, quedaron en los primeros puestos del último informe PISA (2006) sobre resultados educativos, van muy por delante de nosotros. Consideramos que las políticas educativas y de crianza deben tener en cuenta los conocimientos emanados de las importantes investigaciones llevadas a cabo en las últimas décadas, como se ha hecho en esos países.
Los padres y los bebés de nuestras sociedades se merecen la posibilidad de que, si las madres y padres quieren, puedan ser ellos los principales cuidadores de sus hijos, al menos durante los dos primeros años. Sobre todo, teniendo en cuenta que, con los niveles actuales de natalidad, eso sólo ocurrirá una o dos veces en la vida.
CONSCIENTES de esas necesidades de los niños, de las madres y de los padres de nuestra cultura,
PROFESIONALES de la psicología, la psiquiatría, la enfermería, el trabajo social, la sanidad en general y otras disciplinas conexas, interesados en la salud mental de la población, hemos puesto en marcha una campaña de sensibilización y apoyo CON EL FIN DE SOLICITAR a las instancias legislativas y ejecutivas de nuestro Estado:
Prolongar hasta los dos años el tiempo de cuidado compartido por maternidad/paternidad con protección pública para todos aquellos padres que deseen ocuparse personalmente de sus hijos. Sobre todo, porque se trata de un sistema de cuidados más personalizado y, desde el punto de vista social, más económico y eficiente.
Son necesidades que hoy nos parecen urgentes en los países industrializados, tanto para un aumento de la felicidad de padres e hijos, como para preservar y aumentar la salud mental de las poblaciones. De ahí la reivindicación fundamental que deseamos difundir con esta campaña
DOS AÑOS DE MATERNIDAD/PATERNIDAD GARANTIZADOS POR LOS PODERES PÚBLICOS.
“LA SALUD DE LOS NIÑOS HA DE SER LO PRIMERO”, como muy bien afirma la Oficina Europea de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
ANEXO:
GUARDERIAS Y ESCUELAS INFANTILES PARA TODOS LOS QUE LAS NECESITEN.
Conscientes de que, de todos modos, hay momentos o situaciones en las cuales los padres pueden necesitar llevar a sus hijos a escuelas infantiles, consideramos que estas instituciones requieren de unas condiciones mínimas necesarias para desarrollar adecuadamente sus servicios, por lo que consideramos imprescindible, en estos casos:
-que las guarderías y escuelas infantiles, para los padres que las necesiten, cuenten con personal y recursos suficientes y bien formados, en especial en los tres primeros años de la vida del niño; también, con espacios y educadores particularmente constantes y estables, para que puedan respetarse y atender las necesidades de los niños.
-que haya una proporción adecuada de personal especializado por cada bebé. En ese sentido, las tasas normalmente aceptadas son de una persona por cada 3 ó 4 bebés; para los niños de más de 2 años, una persona para cada 5 ó 6 niños.
-que los recursos sean accesibles para todos y gratuitos en el caso de familias más desfavorecidas.
-que estén orientadas a fomentar la presencia de los padres y madres en la vida de los niños, con horarios adaptados a las necesidades de las familias.
Grupo Promotor
Demetrio Casado, Doctor en Farmacia, Director del Seminario de Intervención y Políticas Sociales (SIPOSO), Madrid.
Ana Pavón, Psicóloga de La Unidad de Salud Mental de Benidorm (Alicante).
Purificación Sierra, Profesora Titular de Psicología Evolutiva de la UNED.
Jorge L Tizón, Psiquiatra, Psicólogo y Neurólogo. Director del Equipo de Prevención en Salud Mental- EAPPP del Institut Català de la Salut en Barcelona y profesor de la Universidad Ramon Llull. Miembro Titular de la Asociación Psicoanalítica Internacional.
Eulàlia Torras, Doctora en Medicina y Cirugía. Psiquiatra y psicoanalista de niños y adolescentes. Presidenta de la Fundació Eulàlia Torras de Beà Institut de Psiquiatria-Psicologia del Nen i de l'Adolescent. Miembro Titular de la Asociación Psicoanalítica Internacional.
Mercedes Valcarce, Doctora en Psicología y Licenciada en Pedagogía. Ex-profesora Titular de Psicología Evolutiva en la Universidad Complutense. Miembro Titular de la Asociación Psicoanalítica Internacional.
A 15 de Septiembre de 2009.
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Eulàlia Torras de Bèà, entrevista per a Singulars, programa emès per TV3
Eulàlia Torras de Beà, políticament incorrecta
Eulàlia Torras de Beà és metge, psicoanalista i psiquiatra infantil i juvenil. Va ser pionera a Catalunya a oferir atenció psiquiàtrica i psicològica a nens i adolescents des de l'assistència pública. És també una de les promotores d'un manifest, "Más tiempo con los hijos", que demana als poders públics normatives que permetin a pares i mares tenir més temps de permís remunerat per cuidar els fills petits.
Eulàlia Torras de Beà és metge, psicoanalista i psiquiatra infantil i juvenil. Va ser pionera a Catalunya a oferir atenció psiquiàtrica i psicològica a nens i adolescents des de l'assistència pública. És també una de les promotores d'un manifest, "Más tiempo con los hijos", que demana als poders públics normatives que permetin a pares i mares tenir més temps de permís remunerat per cuidar els fills petits.
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